Comprendí que la fiesta sería fuera del Distrito Federal. Entonces concebí algunos miedos sobre el camino. Uno, habría un retén, la policía ayudando a los turistas o algo así. Dos, la caseta y la gasolinería. Pensé que podría pasar un largo rato en el primero. O uno corto y malo en las segundas. Las perspectivas del nuevo lugar y del grupo poblano fueron más fuertes. Decidí hacerlo.
La aventura comenzó más temprano que las típicas. Aún de mañana en El Senador. Encontré a Andrea y a Paulina. Después del obligadísimo arreglo y satisfacción alimenticia nos encaminamos alrededor del medio día. Viajamos en caravana.
Mis miedos no se materializaron. No hubo ni retenes ni ratos malos ni cortos ni largos. En cambio me maravillé con la perspectiva del bosque, de Río Frío, de tanta belleza. Es impresionante el paisaje cuando una está de buen humor.
Llegamos al Super Motel donde nos recibieron muy bien. Tenía la impresión de que había sido tomado por travestis diurnas ese día. Después del obligado arreglo salimos a un lindo jardín donde se dió el cuerpo del Encuentro. La introducción fue de foto, o de muchas fotos como estamos acostumbradas. La comida y la bebida estuvieron muy bien, ciertamente que las poblanas se esforzaron con bastante mérito. Amanda y otras chicas dieron sus discursos respecto a los grupos y la alegría del momento. Vino entonces el espectáculo travesti con buenos arreglos y la sorpresa de la mismísima Chofis al micrófono. Tras varios números y muchas fotografías cayeron el agua y la noche. Estaba ya obscuro cuando me retiraron de mi animada charla post-espectáculo para ir al motel.
Cambio al ropaje nocturno. Me ayudaron con el maquillaje. A tan solo unos minutos del motel llegamos al Acertijo. Entre poblanas y defeña hicimos el ambiente. Estuvimos bailando y charlando un buen rato. El lugar está limpio y correctamente arreglado. Sin embargo, la noche pedía más y en caravana salimos a los caminos poblanos que se convirtieron en un acertijo. Subidas y bajas, vueltas y rectas después llegamos al Garotos. Baile, que sí bailé. Contra la luz del proyector estaba yo en movimiento. Alegre por estar ahí, pensando en tantas cosas tan curiosas como la luz y la sombre de la vida y del antro. Bailé
hasta que el espacio fue despejado para el show travesti obligatorio en esos lugares.
Charla y aventuras. Algunas decidieron visitar el cuarto obscuro, algunas con rostros alegres, algunas bebiendo y ahí, tan ciertas. Tan cierta el hambre que era, cenamos tacos árabes. Eran casi cinco y media cuando me entregué al sueño en el cómodo Super Motel.
Pocas horas después apareció Haana. Momento de retirarse. Domingo de actividades y despedida de un día en Puebla muy placentero.
De ese tres de julio me queda el recuerdo y algunas palabras que indican que volveré.
Daniela Olivares.