Las Otras Mujeres

 

Querer Ser Mujer, Sentirse Mujer, Nosotras las Otras Mujeres

Queridas amiguitas:

Me da un super gusto y me siento muy, muy honrada, que me haya invitado a participar en esta reunión, porque crean que puedo dar una aportación a nuestro querido grupo, lo que hago con mucho cariño y responsabilidad.

Quiero decirles que las ideas, emociones y sentimientos que deseo compartir con ustedes, deben mucho a lo que he estado aprendiendo de parte de mucha gente buena y sabia, en primer lugar del Dr. Rodolfo Alcaraz, mi novio, mi amor; de escritos muy esclarecedores de la psicoterapeuta y sexóloga Alejandra Zúñiga, de las sutiles y atinadas observaciones de mi querida maestra Nuri, de las inquietudes y emociones de tantas niñas con las que he compartido mi nacimiento y evolución, de lecturas reveladoras.

En primer lugar, me parece que sí vale la pena, que si es enriquecedor leer, estudiar, comentar los temas que nos interesan como chicas. Digo esto porque a pesar de que algunas niñas piensan que lo importante es vivir, experimentar la feminidad, por un momento, por una noche, sin mayores complicaciones.

Yo respeto esa postura, y claro que la vivencia es única, pero siempre he creído que conocer nos ayuda a entendernos y a crecer como mejores personas. Entre otras razones para saber que nosotras tenemos derechos ante la ley, para conocer cuáles son y cómo defenderlos mejor.

En segundo lugar, creo que todas nosotras, chicas TV, TG o TS gravitamos en torno al mundo femenino y nos sentimos atraídas hacia las mujeres de muchas y distintas maneras de cómo lo experimentan la mayoría de los varones. Sea que nos guste su manera de ser, su apariencia, su comportamiento; que nos identifiquemos con su manera de sentir o de actuar; que nos atraigan sexualmente y/o espiritualmente.
Nuestra vinculación predominante es con la mujer y la feminidad. Queremos vernos como ellas, actuar como ellas, sentirnos como ellas, ser ellas. Para lograr este objetivo ¿de vida?, estamos dispuestas a realizar innumerables acciones para forjarnos como mariposas (hermosa y sentida expresión que nos retrata).

En algunos casos es solamente cuestión de una prenda, o quizás el ajuar completo, durante una tarde furtiva o como costumbre que se arraiga, en completa secrecía o compartiendo lo que hemos descubierto de con algún cómplice. Con la vestimenta vienen el maquillaje y la peluca, los modales de chica (por ejemplo, ese caminado gracioso o altivo o sensual) y el tono de la voz.

En otros casos, el deseo, la búsqueda va más allá o toma otros caminos: la manifestación de emociones y sentimientos tomados socialmente como propios de las mujeres: la dulzura, la suavidad, la sutileza, la sensibilidad, el sentimentalismo...

En otros casos más, motiva o acompaña la transformación la energía de la sexualidad: la excitación, las fantasías y la orientación sexual, negada, reprimida, escondida... finalmente liberada.

Nuestras inclinaciones pueden estar más dirigidas hacia la feminidad que hacia las mujeres concretas con las que convivimos. Se trata, en medida importante, de una construcción cultural (el género) que responde a condiciones históricas y sociales específicas, que, claro, pueden prolongarse durante siglos y atravesar épocas y civilizaciones.

Me parece que es necesario reconocer que nosotras seguimos más una imagen, una representación, la mitificación de la mujer en la feminidad occidental que nos ha tocado vivir, conocer, anhelar, consumir, gozar, sufrir...

En tercer lugar, me parece que para entender con quiénes queremos parecernos, quiénes deseamos ser o con quiénes nos identificamos resulta central nuestra idea/visión/perspectiva de lo que es ser mujer, y todos los signficados que asociamos a la feminidad.

Quienes nos presentamos, sentimos o identificamos como chicas transgénero (sea desde el gusto por una prenda femenina, el deseo de vivir la vida cotidiana como mujeres, hasta la reasignación quirúrgica) tenemos nociones de la feminidad, por razones de índole sexual, estética, emocional, y buscamos ir más allá de la biología y construirnos, en diferente grado, como mujeres, aún sabiendo que genética y aún biológicamente no seremos nunca completamente como las mujeres de nacimiento, pero ello, estoy convencida, no nos descalifica, descarta o nos hace menos.

Medio mujeres, mujeres de segunda, más mujeres u otras mujeres

Tener muy presente la noción de diversidad es fundamental porque las mujeres indígenas o de grupos étnicos minoritarios, o las mujeres con discapacidades, o aquéllas en situación de extrema pobreza, dramáticamente tampoco llegarán, con mucha probabilidad, a ser, a vivir y a presentarse de acuerdo con los esquemas que tenemos en Occidente, de lo que son las mujeres blancas o mestizas, de clase media, que viven en zonas urbanas.

En ese sentido, nosotras seríamos, a semejanza de las que pertenecen a grupos diversos y vulnerabilizables, otras mujeres, ciertamente diferentes a las chicas biológicas, en términos genéticos, orgánicos y psicológicos, pero, quizás, igualmente femeninas en nuestra construcción sociocultural, por lo que hace a la apariencia, el vestido, los comportamientos, las emociones, los sentimientos y, algo de la mayor importancia, la identidad.

Algunas chicas TV o TS se sienten, incluso, más mujeres que las chicas biológicas porque se han hecho a sí mismas, se han construido —a contracorriente del ámbito familiar y social y de la discriminación imperante— en su físico, su look, su mentalidad y quizás también en su identidad, se han modelado a sí mismas, alcanzando niveles estéticos y emocionales femeninos muy claros, a los que no llegarían fácilmente muchas biochicas (término que tomo de mi amiguita Clarisse). Sé que ello podría deberse, en gran medida, a su necesidad de reafirmación constante como mujeres, lo que no ocurriría con chicas biológicas ya en edad adulta, pero ello no niega los resultados que logran alcanzar.
Creo, y espero no decir una tontería, que chicas TV o TS muy lindas, por ejemplo aquéllas que se dedican al sexoservicio, pero no solamente ellas, sienten que su físico y su capacidad de atracción sexual es mayor que la de las mujeres de nacimiento. Entre otras cosas porque en promedio tenemos más palmito que enseñar (somos, en general más altitas, por ejemplo), porque el drive sexual masculino es más desinhibido, lo que les permite tomar la iniciativa, y porque — y esto lo expreso con mucho respeto para las niñas genéticas—, así como de nacimiento no tenemos, o solamente en pequeña medida, los atributos físicos que tanto nos atraen de las mujeres (busto prominente, caderas anchas, cinturita, piernas torneadas), no padecemos algunos de los malestares que aquejan a su anatomía.

La transformación de un varón de nacimiento en una hermosa mujer (considerando la denotación de este adjetivo en sentido amplio: físico, estético, emocional, espiritual) es toda una creación estética, es un performance excepcional, es un viaje al interior para reconocer, asumir y dejar vivir las emociones y sentimientos más profundos. Como un artista de la belleza y las emociones, como un ser que se descubre y nace a la vida.

Nosotras, en nuestro aprendizaje y construcción, podemos aportar mucho, en términos estéticos, artísticos, personales, al sentido de la feminidad. Aunque no se me escapa que, paradójicamente, nosotras que en más de un sentido vamos en contra de lo establecido y somos una ruptura con normas convencionales rígidas, podríamos contribuir, consciente o inconscientemente, a la reificación de una idea de la feminidad mitificada, alejada y opuesta, incluso, a la que plantean los grupos feministas y demandan cada vez más mujeres en el mundo, razón que explica, entre otras, la distancia que puede existir entre grupos de chicas biológicas feministas y las niñas trans, con el consecuente efecto de generar una división más en nuestra comunidad LGBTT.

Estas reflexiones y lo que me provocan, tanto en momentos de desesperanza, como en aquellos de plena conciencia, me llevan a cuestionarme si nosotras somos medio mujeres, mujeres de segunda, mujeres distintas, más mujeres, mejores mujeres, mujeres del futuro. Mi razón, mi corazón, mi alma me dicen que no somos menos mujeres, ni tampoco somos mujeres de segunda, como tampoco lo son aquellas que pierden la matriz por razones de salud, o aquéllas que no pueden procrear, o aquéllas cuyos trastornos hormonales u orgánicos les hacen tener rasgos físicos parecidos a los de los varones, o aquéllas cuya fenotipia y manifestaciones culturales son radicalmente distintos a los que conocemos tradicionalmente, o aquéllas que gustan de otras mujeres como compañeras sexuales, por citar solamente algunos casos.

De ahí que así como hay mujeres indígenas, mujeres en extrema pobreza, mujeres con discapacidad, mujeres lesbianas, también habemos mujeres transgénero, quienes nos vivimos e identificamos con las mujeres, con sus vivencia y situación, con su realidad, con la feminidad.

Me doy cuenta que es difícil aceptar esto, que muchas nos sentimos e identificamos como otro tipo de mujeres. O quizás seamos algo diferente a ser simplemente hombres y simplemente mujeres, vivimos más intensamente que much@s nuestra dualidad genérica.

Bigénero y Transgeneridad

No deja de ser triste el visualizar que quizás nunca podremos ser lo que anhelamos y, entonces, el tener que aprender a vivir con lo que no alcanzamos a entender que sí somos, y que no sean meras etiquetas y estereotipos. Yo sé en mi corazón que no solamente soy un chico.. Y en lo personal no estoy en contra de mi ser masculino, al contrario, lo estoy reconociendo y revalorando (al respecto recomiendo las reflexiones sobre la nueva masculinidad).

Bigénero es otro término para aquéllas de nosotras que vivimos con fuerte intensidad nuestra parte masculina y femenina. Alterno, para quienes lo hacemos, alternando nuestra parte de hombre y nuestra parte de mujeres. Mixto, para quienes la combinan.

Experiencias de cambio en los roles de género y su división, en la medida en que se amplía la capacidad de consumo, se universalizan los derechos humanos y crece la conciencia y las acciones contra la discriminación. La expansión del mercado y la liberalización política tienden a flexibilizar los comportamientos colectivos, con excepción de los momentos (como los que ahora también vivimos) de miedo e incertidumbre generalizadas que suelen canalizarse con la ubicación de target groups en quienes descargar la ansiedad.

Los ejemplos los vivimos a diario, nosotras en papel de chico seguramente protagonizamos varios de ellos; la existencia de familias de clase media en la Ciudad de México, en las que la mujer es la proveedora exitosa y reconocida socialmente y el hombre quien se encarga de las labores domésticas, aumenta. El fenómeno de los “metrosexuales”, más relacionado con las necesidades económicas de las empresas de la belleza, también lo ilustran. El surgimiento de grupos, como en el caso del CORIAC (Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias) en México, orientados a la generación de una paternidad afectiva, asimismo, lo manifiestan.

Yo, en lo particular me siento/identifico como una chica transgénero, una mujer de un grupo particular, distinta a las niñas de nacimiento, pero con muchos elementos comunes.

Prefiero yo personalmente – en términos, por ejemplo en escritos de la Dra. Alejandra Zúñiga-- la categoría de mujer transgénero a la de travesti, porque siendo, ¡claro! super, mega increíble la imagen y la apariencia, no es para mi lo más importante, y porque yo me siento, vivo y comporto como Angie aunque vaya "disfrazada" de chico, jijijiji.

Ahora me pregunto que tipo de chica quiero ser, como encontrarme/construirme a mi misma. Al respecto me han gustado las ideas que en diferentes ocasiones han expresado amiguitas muy lindas como Hanna, Tannie, Pau Velasco, Leticia Elizabeth, a las que les agradezco mucho. Recuerdo también una frase que oí en una peli muy linda "tú eres lo que quieres ser, tú decides".

Ahora bien, para aquellas chicas para quienes la apariencia, el físico y los momentos de fiesta o glamour no lo son todo (aunque claro que son super y nos hacen felices), pensar o sentir como mujeres, más allá de los estereotipos culturales y de los aspectos bonitos y placenteros de una vida de chica, nos deberían llevar a enfrentar, en diferentes sentidos, los obstáculos, incomodidades, agresiones y discriminaciones de las que aún siguen siendo objeto diariamente las mujeres, exigiría de nosotras realmente hacer conciencia de lo que sentimos y queremos y acercarnos al mundo femenino con mayor aterrizaje en la realidad.

Por ello me parece muy importante preguntarnos si estaríamos dispuestas a asumir los roles llamados femeninos de manera cotidiana y de tiempo completo. Las costumbres se van modificando (aunque sea poquito a poquito) y además conocemos a chicos que gustan de cocinar, hacer el aseo, planchar, pero tener que hacerlo cotidianamente nos debería llevar a asumir, entre otras cosas, los prejuicios y atavismos que aún perduran en nuestras sociedades y en nuestra propia mentalidad.

Claro, que siendo niña biológica o trans no tendríamos tampoco por qué aceptar todos los convencionalismos sociales, si nosotras somos, en medida importante, un rompimiento de los mismos, por más que hayamos muchas niñas conservadoras y medio ñoñas como yo (jijijijiji), pero es que ser mujer, no solamente es la parte bonita y excitante de las compras, el arreglo, el maquillaje, los vestidos, las salidas, las fiestas, los chicos o las chicas, los halagos, etc, etc., es mucho más.

Siento, para concluir esta participación, que es importante:

1. Conocer para entendernos mejor y crecer.
2. Asumir que gravitamos en el mundo femenino y no necesariamente en el de las mujeres concretas.
3. Reconocer que enfrentamos el riesgo de mistificación de la mujer y la feminidad.
4. Entender que no somos mujeres de segunda ni medias mujeres, ni mujeres mejores, sino otras mujeres, diferentes y comunes, al mismo tiempo, a las chicas biológicas, con nuestras propias particularidades.
5. Saber que esta peculiaridad deriva de nuestro bigénero y más particularmente del reconocimiento y vivencia de nuestra transgeneridad.
6. Estar conscientes de que podemos aportar al mundo de las mujeres y de la feminidad para el nuevo siglo.
7. Enfrentar el hecho de que enfrentamos el riesgo de asumir posturas y roles que las mujeres han cuestionado y superado, así como entrar en competencia con las chicas biológicas.

Angie

 

 

 

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