Imagen y Sentimiento

 

En términos generales, el travestismo es el impulso que conduce a una persona a vestir ropa del sexo opuesto, experimentar goce y satisfacción al hacerlo, al margen de su preferencia sexual, y en esto hay que ser muy claros, pues como ya anotamos existen travestistas heterosexuales y travestistas homosexuales, división que a su vez tampoco resulta tan simple ni tajante, pues podrían subdividirse de manera infinita.
La falta de información adecuada ha distorsionado el concepto del travestismo. La creencia más generalizada, como ya anotamos, se refiere a que los travestistas son sólo los varones dedicados a la prostitución, quienes recurren a la cirugía para adaptar su cuerpo al sexo deseado o asumen de manera permanente el rol social asignado al sexo opuesto.
Sin tratar de hacer una afirmación contundente que reclamaría de un estudio amplio y detenido —muy difícil por tratarse de una comunidad "subterránea” casi imposible de detectar-, es de anotar que la gran mayoría de los travestistas son heterosexuales, y algunos de quienes han sostenido relaciones homosexuales lo han hecho como consecuencia de la confusión que su identidad sexual genera.
Valga insistir en que travestismo es, en principio, vestir según el código de imagen del sexo opuesto, pero este concepto alude al sexo genital, al sexo biológico, cuando la conducta travestista implica muchísimas variaciones en la personalidad del individuo.
Cuando un varón tiene la oportunidad o la necesidad inconsciente de disfrutar una prenda o un atuendo completo sin más propósito que asumir una personalidad distinta a la impuesta, al margen de una experiencia orientada al goce de la sexualidad, se adentra a un universo poco explorado; cuando lo hace en busca de un refugio emocional sale de la órbita de las ideas prevalecientes, aún de aquellas que norman su propia existencia.
Quienes se han aventurado al estudio formal de esta conducta exponen la existencia de un travestismo de tipo fetichista ejercido durante la relación sexual con fines eróticos, situación que suele presentarse en sesiones de autosatisfacción, y para decirlo claro, durante la masturbación. Tal vez esta expresión sea la menos visible y la que menores problemas de identidad provoque al individuo, pues una vez alcanzado el éxtasis tiende a desaparecer aun cuando ante el surgimiento de un nuevo deseo de satisfacción vuelva presentarse el requerimiento de "fetiches travestistas", pero valga insistir en que en este caso no existe conflicto de identidad sexual, o, en su caso, es mínimo
Por otro lado tenemos un travestismo causa de un fuerte conflicto emocional al interior del individuo que, cuando alcanza niveles más allá de su control, podría ocasionar problemas incluso sociales o, peor aún, de seguridad y autoestima, pues el travestista se halla ante una situación muy compleja: habrá de confrontar un deseo inconsciente contra un poderoso esquema cultural y social incapaz de explicarle el por qué de su deseo, pero simultáneamente indiferente para decirle por qué no debe hacerlo, situación que se agrava por el silencio que la persona siente que debe guardar.
Aquel impulso que lo conduce a imitar un rol estético-sexual ajeno ha sido interpretado como una inconformidad con su propio sexo físico y su identidad sexual. Se "sabe hombre" pero "se siente mujer", sólo que ese "sentirse mujer" va más allá del rol íntimo femenino y en no pocas ocasiones es indiferente al deseo sexual; el travestista "se siente mujer", pero sus deseos sexuales y emocionales lo orientan hacia las mujeres. En este sentido estaríamos hablando de un travestismo más psicológico, que sexual.
El travestismo puede entenderse como una personalidad sexual alternativa, donde el sexo físico es menos interesante de la feminidad, donde la condición de mujer se disfruta por el uso de vestidos, perfumes, adornos o cosméticos, pero sobre todo mediante una actitud distinta. Podríamos tratar de verlo como el encuentro fugaz con la identidad sexual de la persona.
El momento en que el varón puede convertirse en mujer, la experiencia travestista, es una vivencia eventual de lo que considera su coherencia sexual, es un escape para sustraerse al sentimiento de culpabilidad que suele generar, produce la emoción de libertad o al menos de concordancia entre lo que se es y lo que se quiere ser.
No se trata de una desviación psicosocial del individuo, sino de una manifestación de la identidad sexual, al tiempo en que puede convertirse en un vehículo para la integración de una personalidad a la que aún no se le ha concedido la importancia que merece.
Aunque en la mayoría de los casos se practica en privado, el travestismo es una expresión individual en lucha por su reconocimiento público y social, que en ocasiones se refleja en sentimientos de bienestar cuando recibe de manera eventual un trato femenino fuera de la feminización material.
Ignorar esta situación es lo que posiblemente origina los mayores conflictos internos en el individuo, pues se halla expuesto al juicio implacable de una sociedad donde la sexualidad no está del todo entendida, y dentro de esa inconsistencia destaca la intolerancia y la discriminación.Raquelraquel_tv56@hotmail.com

 

 

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