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FORJARSE MARIPOSA...
O LA CONSTRUCCION DE LO TRAVESTI*
CLAUDIA ESPINOZA CARRAMIÑANA**
INTRODUCCIÓN
EN EL CHILE DE FIN DE SIGLO la sexualidad sigue siendo un tema controvertido, especialmente en lo
referido a orientaciones e identidades sexuales. En este marco, el colectivo que juicio de la presente
investigación, representa más fidedignamente todo lo problemático y enigmático que implica la sexualidad
en nuestra sociedad, es el de los travestis, debido a que la sexualidad, hoy en día, sigue anclada en la
función reproductiva y en la complementariedad de los sexos, imponiéndose como norma y ley la
heterosexualidad.
Bajo este contexto, el travesti, y las homosexualidades en general, sufren el rechazo y
discriminación por romper con lo normado en el ámbito de la sexualidad y las identidades sexuales
(Pollak, en Ariés, 1987). Esta discriminación es vivida desde distintos ámbitos, convirtiendo a los travestis
en un grupo ampliamente postergado; primero, por su condición homosexual y el peso que ello significa
en nuestra sociedad; postergado también, por las mismas personas con orientación homosexual que no
utilizan vestimenta femenina, ni tienen aspecto afeminado. Debido a esta apariencia física no pueden
ingresar al mundo laboral formal, ejerciendo, por lo general, el comercio sexual callejero, lo cual implica
la pertenencia a un mundo marginal, ligado a condiciones de pobreza.1
La discriminación, por tanto, hacia este grupo se desarrolla, en gran medida, desde los prejuicios
que rodean su vida y desde el gran desconocimiento que existe acerca de quiénes y cómo son realmente.
Por todo lo anterior, la presente investigación pretende dar cuenta de la vivencia del travesti
(desde una mirada psico-socio-cultural de la sexualidad), con el fin de acceder a su subjetividad. Con este
fin se utilizó el método de relatos de historias de vida, bajo la perspectiva teórica del psicoanálisis y con
aportes conceptuales de la teoría de género, tomadas como miradas complementarias que permiten
aumentar la óptica con la que se comprende este fenómeno.
Sería importante aclarar qué es lo que se entenderá por travesti. Al iniciar la búsqueda
bibliográfica surgió la dificultad de no encontrar un consenso sobre las condiciones que definirán lo
travesti. Así, a modo de definición general, diremos que travestirse es utilizar ropa, maquillaje y todo lo
necesario para tomar la apariencia del otro sexo (Crepault, 1997). Ésta es la única condición compartida
por todas las definiciones sobre el tema. Como forma de delimitar aún más lo que consideramos como
travesti, diremos que se refiere a aquel sujeto de sexo biológico masculino, que se identifica
poderosamente con el género femenino, pudiendo de manera compatible vestirse de mujer y adoptar el
papel femenino en su vida diaria. Ahora, este vestir, actuar y tener aspecto de una mujer, parecen ser
suficientes para él, ya que no le gustaría recibir operación transexual que lo transformaría genitalmente en
una mujer, a pesar de que sí puede consumir hormonas femeninas e incluso puede someterse a diversos
procedimientos para el agrandamiento de las mamas (Cauldwell, 1966; Crepault, 1997; APA, 1995; Mc
Cary, 1983; Money, 1986; Reinish, 1992).
Otro término importante de definir previamente es el de identidad sexual, el cual es la convicción
de que uno es hombre o mujer independiente de su orientación sexual, o sea, de su atracción
erótica/afectiva hacia una persona del mismo sexo o del opuesto (Ochoa y Vázquez, 1994). Esta definición
lleva consigo la noción de que la identidad sexual es un proceso y que por lo tanto se construye y que
* El presente artículo se basa en la investigación de C. Avendaño, C. Espinoza y L. Valdevenito (1998): «La construcción
de la identidad sexual del travesti a través de relatos de vida; descripción y análisis». Tesis de Grado para optar al Título
de Psicólogo en la Escuela de Psicología de la Universidad de Valparaíso.
** Psicóloga, Universidad de Valparaíso.
1 Información recogida del trabajo de campo previo a la realización de las entrevistas. En éstas se consideraron a cuatro
personas, cada una de las c uales ejerce el comercio sexual en uno de los principales territorios ocupados por travestis en
Valparaíso y Viña del Mar.
tanto variables biológicas, psicológicas y socioculturales cumplen un rol preponderante en la constitución
de ésta. Por esta razón se incorporó el concepto de Género, el que permite dar cuenta, por una parte, del
rol regulador que cumple la sociedad en la constitución de la identidad sexual, convirtiéndose ésta en una
especie de filtro cultural con el que interpretamos el mundo, y además, porque permite reconocer la
experiencia privada que cada sujeto tiene con respecto a su sexualidad (Lamas, 1995).
El presente artículo es el resumen del análisis realizados a los relatos de las historias de vida, en
los cuales está presente la idea básica de que la identidad sexual del travesti comienza a forjarse antes del
nacimiento del sujeto. Esta construcción es generada como un proceso en el que llegar a ser travesti viene
a convertirse en el objetivo principal.
Es por esta razón que hemos homologado el proceso que vive la mariposa para convertirse en tal,
al proceso que vive el travesti desde que nace hasta manifestar su travestismo públicamente. Realizamos
esta metáfora porque es aclaratoria en cuanto va marcando las etapas y los tiempos en que se gesta lo
travesti.
SABERSE ORUGA: LA ANTESALA DE LA TRANSFORMACIÓN
Al igual que la mariposa, que para llegar a convertirse en tal, debe pasar su tiempo de oruga; el
travesti necesita su tiempo de infancia para elaborar la inquietud de querer constituirse en otro ser,
intuyendo que el devenir traerá consigo nuevos rumbos (la transformación).
Estos sujetos provienen de familias que han roto sus lazos con la familia extensa, de modo que no
existe otro modelo masculino, como un tío o un abuelo, que ofrezca una alternativa al modelo paterno. El
abuso de alcohol por parte del padre lo convierte en una figura odiada, distante, una presencia -ausente que
dificultará la posterior identificación con él. La violencia que también se vive al interior del núcleo
familiar, en donde el padre es el actor principal, provoca gran sufrimiento en toda la familia,
principalmente en estos sujetos, lo que genera mucha rabia, la que luego encontrará un canal de salida en
la transgresión a la ley.
Este padre les muestra una cara horrorosa con características tales como falta de control de
impulsos sexuales, aprovechadores, abandonadores, características que serán atribuidas a todos los
hombres. Junto a este padre, aparece la madre, es ella la que logra mantener unida a la familia y la
sostendrá económicamente; ella es quien los entiende, protege, estos elementos serán la base de la
idealización que el sujeto hará de ella, elevándola a la condición de mujer fálica, todopoderosa, buena e
inmaculada, carente de deseo (por lo tanto, no puede desear a este padre ).
Desde la infancia, entre los primeros recuerdos mencionados, aparece claramente la idea de
sentirse y saberse diferentes, ya que como niños, no cumplen, de alguna u otra forma, con el rol
tradicional otorgado a los varones.
Esta diferencia les va marcando una pauta de comportamientos para poder enfrentarse y
relacionarse con su grupo de pares, «con los otros», y que en cierta medida les hará más fácil su diario
vivir. Sin embargo, no están tan conformes con su forma de ser, no se aceptan tal como son, lo que será el
inicio de una serie de cambios que culminará una vez en la adolescencia.
Ahora, esta nueva percepción que tienen sobre sí mismos comenzará con la interrogante que les
empieza a surgir acerca de quiénes son en realidad y en qué les gustaría convertirse, situando sus
preguntas y respuestas en el ámbito de la sexualidad, insertándose en lo femenino, ya que es desde ahí
desde donde les gustaría posicionarse a la hora de «asumirse-convertirse».
Así los relatos de sus infancias cuentan haber estado ligada a grupos de mujeres, en las cuales
trataban de participar como una más. Por lo mismo, sus juegos eran de los que se les asignan a las niñas,
como ensayos de su futuro rol de madre y dueña de casa. A pesar de la cercanía a grupo de mujeres, la
infancia es vivida con gran soledad y con gran angustia de ser «descubiertos»:
Siempre andaba sola o si no me juntaba con otra amiga que tenía... Pero siempre mi infancia la pasé casi siempre sola,
con el temor de que no me juntara mucho con alguien, porque si yo le conversaba y después me van acusar si le cuento
algo, p orque pasa, cuando era chica, tenía una amiguita y le conté una cosa y va y me acusó, ¡casi me mataron!, por que
yo le dije que me gustaba un niño de al lado de mi casa. (Leyla)
...bueno, tú sabes, cuando tú cuidas que en tu casa no se sepa, es como un in fierno para ti, por que hay que estar
preocupándose de todo, de que no te vayan a cachar, de que si vas a juntarte con tus amigos, que ya saben que son locas,
no podís juntarte con ellas, entonces todo eso te lleva a llevar una vida, clandestina, muy ocult a, una vida de mentiras...
(Michelle)
Parece importante destacar que en sólo uno de los cuatro relatos, aparezca una familia que juega
un rol de red de contención de las experiencias de riesgo que vive el resto, como son la deserción escolar y
la vagancia infantil. Este hogar protector es el que acepta, de una u otra manera, los rasgos afeminados de
su hijo y lo apoya en sus diversas instancias de desarrollo. Es ésta la única sujeto que vive menos
discriminación en su infancia y juventud y la que puede desarrollar de manera menos traumática su
identidad y su orientación homosexual.
En relación a sus experiencias de escolarización surge en primer término la ambigüedad en torno a
su diferencia y ligado a esto el ocultamiento de su orientación sexual viviendo en un manejo privado del
ejercicio de su sexualidad.
En lo público manifiestan ciertas características que no son propias de su género, como la
delicadeza, el histrionismo, la sensibilidad; lo cual los lleva a vivir el rechazo de sus compañeros y
profesores y, por otro lado, la acogida y aceptación de sus profesoras.
En esta etapa es cuando comienza y se evidencia más claramente la segregación y el rechazo
homofóbico por parte de los hombres, quizás porque ponen en duda, con su sola existencia, la propia
virilidad de éstos.
En relación al ejercicio de su sexualidad, se viven experiencias sexuales de carácter homosexual
marcadoras que vienen a confirmar su orientación. Estas primeras relaciones sexuales son concebidas
como una experiencia dolorosa, pero necesaria, como un rito de pasaje con el que deben cumplir;
considerando el dolor como un aspecto transformador. En lo público se muestra una imagen unisex o
ambigua en torno a sus preferencias sexuales y su identidad.
Tal como se relata, la amistad entre iguales era vivida en lo oculto, en donde los lazos surgían a
través de reconocimientos implícitos y códigos secretos. Se «reconocían» y se buscaban entre iguales,
para así compartir, sin inhibiciones, los juegos que les estaban negados en su calidad de varones:
Es que somos nacidas y criadas en la misma población... entonces tratábamos de escondernos... en ese tiempo
bailábamos en los circos, salíamos a carretear con minos... (Michelle)
Cuando chica era tan vergonzosa, yo en el recreo no jugaba con nadie y cuando con el tiempo te hacís amigo de otro,
que no falta el otro por ahí, más cerrado que yo... y como yo era más pipirigüa, nos juntábamos (Wendy).
Su diferencia se vive desde siempre, incluso en la familia más protectora, con una cuota de
vergüenza. Por lo mismo, y a petición de los colegios, la mayoría pasa por una peregrinación terapéutica
con distintos profesionales (médicos, psicólogos, psiquiatras), en los cuales la familia deposita la
esperanza de que los volvieran a la «normalidad».
Todas provienen de familias en que lo sexual es un tema tabú, del cual no se puede conversar;
debido a esto vivieron sus cambios sexuales secundarios con gran inquietud y confusión. La poca
información que reciben es a través de sus pares, lo cual les implica una distorsión de conocimientos sobre
el tema y la posibilidad de fantasear con respecto a la diferencia anatómica de los cuerpos, desestimando
así la importancia de la diferencia, llegando a negarla porque esto es menos amenazante para él.
LAS CRISÁLIDAS: EL INICIO DE LO TRAVESTI
La etapa de la asunción de la identidad travesti se caracteriza por tener que enfrentarse a una serie
de interrogantes y de sucesos que marcarán el inicio de su nueva forma de vida. Estas interrogantes se
presentarán con mayor fuerza durante la adolescencia, y se relacionan con el momento en que la
transformación, que ya han empezado clandestinamente, pueda hacerse pública y llegar a su culminación.
Algunas tendencias que marcan este proceso son, por ejemplo, el estar continuamente disconformes con
su forma de ser, incluyendo obviamente su aspecto físico; ellos están aburridos y cansados de esta
ambigüedad en que funcionan y esta vida unisex que llevan. Es por eso que quieren realizar cambios, los
cuales pasan por el hecho de sentirse mujeres y querer serlo. Sin embargo, saben que en el seno de sus
familias no podrán realizar esa serie de cambios que tanto anhelan y es por esta razón que deciden emigrar
de sus hogares y anclarse en el ambiente que más los favorezca. También aquí la adole scencia es muy
decidora, ya que es un período en el que se producen grandes cuestionamientos y se toman muchas
decisiones; en el caso de los travestis, genera un quiebre vital, lo que marca el inicio de una nueva etapa
en sus vidas.
Esta nueva etapa va a tener por objetivo llegar a convertirse en mujeres. Para ello necesitan de la
construcción de una máscara la que caracterice y exprese el sentido de un «emerger», de un «convertirse»,
de un «nacer otra». En este transcurrir van a cobrar sentido las explicaciones que se hacen acerca de por
qué han llegado a ser así aludiendo al carácter biológico-hormonal de su constitución corporal, afirmando
y confirmando lo «fidedigno» que puede llegar a ser este «ser otra». Sin embargo, ellas no esperan ser
clones de las mujeres como tales, ya que mantienen —ocultamente— su diferencia anatómica, sino que
quieren mostrar un nuevo tipo de ser mujer que con su anatomía, algo engañosa, pueda ofrecer algo
novedoso de modo que genere el deseo en el hombre; naciendo así lo travesti, que se caracteriza «en ser
mujer y aún más...».
Este nacimiento de lo travesti está marcado por un posesionamiento y un aposicionamiento del
«ambiente»; considerando como ambiente a todo el sistema ligado al comercio sexual, compuesto por los
espacios donde éste es ejercido, los lugares de residencia comunes, las personas que participan en él
(mujeres, travestis, gay), las parejas, los clientes y toda la red de relaciones que se da entre ellos.
A su vez este nacimiento va acompañado por la construcción fetiche de la máscara, lo cual implica
el vestirse de mujer, moldear su cuerpo como el de una mujer (tapando lo masculino que puede aparecer),
pero exagerando el molde; en resumidas cuentas el travesti hiperconstruye, exagera y teatraliza su oficio
prostibular:
...fui la reina en ese tiempo... ahí ya me había perfeccionado en mi imagen de mujer... Perfeccioné en tal nivel los trucos
en esponja y yo sola fui creándolo... fui creando ese personaje, que yo lo creé como necesidad, pero después el
personaje se hizo necesidad... se fue haciendo parte de mí y esa imagen que era todo dorado y yo con 16 años, con mi
ingenuidad que yo todavía tenía.
SIENDO MARIPOSA: EL TRAVESTI Y SU MUNDO
El ser mariposa comienza en el momento en el que realiza su acto de transformación e ingresa al
ambiente. Tal como se mencionó anteriormente, el ambiente juega un rol fundamental en el ser travesti.
Generalmente es en la adolescencia cuando parten sus historias dentro del comercio sexual, siendo una
amiga las que las inicia, la cual les indica algunas reglas básicas de el ambiente. Es como si la prostitución
fuese el camino obvio que deben recorrer, como único oficio posible dada su identidad y como
complemento confirmante de la posición fálica. Es su oficio prostibular lo que le permitirá asegurar el
goce de los hombres, mostrando su omnipotencia: no es ella quien capitula frente a la omnipotencia fálica
del hombre, sino que el hombre, con su goce, le asegura su posición fálica. Esta relación de poder que se
establece en el comercio sexual con el cliente, puede traducirse en un poder de castración doble, en el
sentido de que por un lado le muestra al cliente que es ella quien hace gozar, y no él, y por otro, al haber
una transacción comercial, es ella la que castra al cliente al demandarle su dinero.
Si bien existe un engaño al tratar de hacerse pasar por mujeres, en realidad no existe tal, sino que
es un juego, donde el hombre siempre sabe que son travestis, buscando lo que hay detrás —el falo—
(psicoanalíticamente hablando).
Ellas al hablar del comercio sexual dicen que es una actividad que les permite pasarlo bien. Existe
una frase que refleja fielmente esto:
...lo demás lo paso bien, porque fumo, tomo, bailo, veo a distintos hombres, me acuesto con distintos hombres, me
pagan más encima, nadie me manda, no tengo horario de trabajo, lo paso regio; por eso digo que si volviera a nacer, me
gustaría nacer igual... (Wendy)
Ellas describen el mundo travesti como un espacio alegre, en el que comparten los brillos y las
luces de las fiestas y la bohemia. Es un mundo en el que existe envidia y recelos; donde las relaciones de
amistad están cruzadas por la conveniencia y la necesidad de apoyo mutuo y se median por las
transacciones, como una réplica de la relación con el cliente. Aquí la amistad coexiste en forma paralela
con la rivalidad, con la eterna competencia de lograr el mejor engaño. Una frase ejemplificadora:
Yo me siento orgullosa de ser como soy porque engaño a cualquiera, me visto sobria no más y punto, paso colaita.
(Wendy)
Al vivir en una sociedad homofóbica, las historias de sus vidas se transforman en historias de
transgresiones y de discriminaciones que parten desde la infancia y se presenta, como se menciona
anteriormente, desde la familia y el ámbito escolar en donde son segregados y es en esta separación donde
comienza la estigmatización y la discriminación por las manifestaciones de su orientación homosexual,
escapando al cumplimiento de lo que la sociedad —la ley— espera para un niño varón en esta etapa. En su
vida adulta la discriminación se materializa en agresiones físicas y psicológicas desde instituciones
públicas como hospitales y centros de control sanitario, así como también por parte de la policía y
gendarmería, así como también en los ataques de grupos antigays, y en las posibles agresiones de los
clientes. Ellas viven estas múltiples discriminaciones como una repetición homofóbica de la imago
paterna, que castiga al que, con su sola existencia cuestiona el orden natural. Estos múltiples riesgos y
discriminaciones son considerados como parte de lo que es pertenecer al mundo travesti, lo que junto a su
vivencia de ghetto, es asumido con resignación, sin percibir posibilidad de cambio, ni el poder ser ellas
agentes de éste. Es como si el comercio sexual fuese la función social que ellas cumplen, pero a la vez es
esta discriminación constante la que les asegura su propia transgresión, necesitando del castigo de los
otros para consolidar lo que es su gran actuación-transgresión.
Es en este escape, considerado como escape de la norma, la experiencia de vagancia infantil y la
entrada al ambiente, en donde encuentra a otros transgresores, otros «iguales» con los que se reconocen en
la complicidad y se identifican en esta «marginalidad». Así, al juntarse con estos «iguales» buscan librarse
del castigo de la transgresión e institucionalizan la sustitución de la ley simbólica a través de su propio
grupo-ghetto, convirtiéndose de esta manera en un orden social distinto, que pasa a reemplazar al orden
social de la ley del padre, viene a ser una ley de sustitución que permite renegar de la otra, en donde estas
identidades fálicas existen sin cuestionamientos, imponiendo su propia ley y quien no la acepta es
rechazado y marginado. Estas comunidades con su sola existencia reniegan del orden en el cual vivimos
los demás, siendo este mismo orden el que genera en su seno la existencia de la transgresión.
Una frase aclaradora al respecto, dice:
...es bonito el Domingo Rosa, es el primer domingo de cada mes, a mí me gusta por que es regio, uno se siente como en
su mundo, no estai ni ahí, si un hombre te dice: «bailemos», es porque sabe, porque ahí hay de todo, hay lesbianas,
matrimonios hombre con hombre... (Wendy)
...para cuidarnos, porque hay más confianza también... no nos llevamos muy bien con la gente normal ...tenemos casi los
mismos gustos, entonces por eso estamos juntas... (Paty)
Como otro ámbito de la transgresión están las definiciones que hacen de ellas mismas, en donde
surgen las características particulares de una mujer fálica, es decir autosuficiente, atractiva y con un poder
especial e irreal sobre los hombres, manejándolos como lo hace la mujer fálica, la mujer todopoderosa: es
ella la que se presenta en un cuerpo erotizado, seductor, sexi, exótico; es decir, representando-actuando a
la mujer fálica en cuerpo fálico, que con su presencia quiere tapar toda falta, presentándose ella misma
como el falo.
Esto se complementa con sus explicaciones para negarse a la operación para el cambio de sexo, lo
cual se interpreta a la luz de la fijación inconsciente de la mujer fálica que existe en su registro imaginario,
lo cual las distingue y diferencia de los transexuales (los que sí se operarían). Entre las explicaciones que
dan para esto estaría, por ejemplo, el que si Dios las envió así al mundo ellas no podrían ofender a Dios,
tratando de ir en contra de su voluntad. Ellas presentan una religiosidad muy marcada, ubicando a Dios en
un lugar de todopoderoso y de un padre en lo real que es capaz de castigar a quien lo ofenda.
Como parte de la evaluación de lo vivido está el deseo de vivir nuevamente la misma vida que han
llevado, a pesar de manifestar que ha implicado sufrimiento, tristeza, soledad y resignación.
También como parte de lo travesti, se puede encontrar que dentro de la intimidad de su hogar,
ellos visten ropa «unisex», dejando de lado la vestimenta propia de la máscara, evidenciando con esta
actitud que necesita de un tercero para poder representar-actuar su máscara.
Algo que llama mucho la atención que junto a las mayores transgresiones que ellas encarnan,
como son la transgresión a la normativa de la complementariedad de los sexos y a la construcción
genérica, existe en ellas un discurso absolutamente tradicional y rígido, aceptando los patrones culturales
de las relaciones heterosexuales como la forma normal y natural en la que se debería dirigir el deseo,
rechazando, por ejemplo, las relaciones entre gays ; mostrando una fuerte intolerancia y un discurso
moralista en el cual no existe una aceptación de otras transgresiones, más que la propia.
A MODO DE COMENTARIOS FINALES
A modo de comentarios finales queremos destacar el rol que cumple la transgresión en las
historias de vida de estas personas. La transgresión es el fundamento mismo del travesti, manifestándose
desde distintos ámbitos.
En primer lugar, con su anatomía, nos de-muestran que no es tan sencillo designar a un hombre o
a una mujer a través de su cuerpo, interrogando (por medio de su transgresión) el límite de lo que viene a
ser un hombre o una mujer.
A su vez, en parte por lo mencionado anteriormente, vemos que es complicado adscribir al travesti
a un género u otro, ya que el travesti en sí es una transgresión al género; si bien pudiera pensarse,
inocentemente, en una adscripción al género femenino, éste exagera el molde, yendo más allá de la mujer.
Otro ámbito en el cual se evidencia la transgresión es en el ejercicio del comercio sexual, ya que al
relacionarse con sus clientes el travesti establece un vínculo de clandestinidad. Por intermedio de este
vínculo, el travesti maneja información sobre identidad, fantasías y deseos de sus clientes, apoderándose
así de un secreto, el cual se convierte en una fuente de poder. Este poder —de transgresión— cobra gran
fuerza en el momento en que el travesti encuentra a alguien, al cual convierte en su cómplice al despertar
la curiosidad por la develación de su secreto. El tema del secreto no se presenta exclusivamente en el
ámbito del comercio sexual, sino que es un tema que aparece reiteradamente a lo largo de su historia .
A su vez, la transgresión que representa el travesti, este semblante de mujer en cuerpo de hombre,
se ha manifestado incluso en la presente investigación a través del lenguaje con que se ha designado al
travesti, nombrándolos indistintamente en femenino y masculino, o sea, como «ellas» o «ellos», lo cual
refleja lo difícil y complicado que puede llegar a ser, dar cuenta del travesti y su vivencia.
Sin embargo, con estas reflexiones no sólo se pretende dar cuenta del travesti y sus múltiples
transgresiones como actos que desconciertan a los «otros», sino que además, se pretende dar cuenta de
cómo este desconcierto puede devolverse hacia el travesti en términos de rechazo y discriminación.
Se puede afirmar además, que estos sujetos con su identidad travesti, cumplen un rol, una función
de espejo, donde reflejan cuáles son los modelos de identidades genéricas de hombre y mujer que posee
nuestra sociedad. Ellos reflejan estereotípicamente estas identidades, mostrándonos de manera evidente
cómo somos los hombres y mujeres de este momento.
Gracias a que sus máscaras están construidas rígidamente con lo más prototípico del género —con
la debida contingencia histórica y cultural que implica esta construcción— podemos ver lo más relevante,
característico y dominante de los modelos genéricos de nuestra sociedad. Tal vez sea esta función de
espejo lo que provoca el rechazo de la mayoría, quizás porque al igual que cuando nos miramos al espejo,
no nos gusta todo lo que éste nos devuelve en la imagen.
Como una proposición, queremos afirmar que el travesti asume su destino psicosexual a pesar de
los costos que implica. Es por esto, que el colocarnos en una actitud de aceptación de esta diferencia y de
no estigmatización, especialmente en los niños, ayudaría a que quienes viven una identidad sexual distinta
a la normativa social, puedan asumirla con menos sufrimiento y menos costos a lo largo de su vida.
VALPARAÍSO, FEBRERO DE 1999
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