Escondida

 

Escondida por los rincones…. La odisea travesti de
Sandy Kay (Kei) Russell

Nacido en uno de los puertos de la Republica Mexicana, me di cuenta a muy temprana edad (siete años) mi gusto por la ropa intima femenina.
Bajo el cariño de una hermana 5 años mayor, y una madre protectora y amorosa mis años de infancia transcurrieron en una forma mas que normal, es decir un poco privilegiada.
El estatus económico no era de la mas alta escala pero mi padre, fue buen proveedor de un a vida sin escatimos de ninguna índole.

Fue a la edad que anteriormente indico cuando la curiosidad por la ropa interior femenina me empezó a llamar la atención. Mi madre acostumbraba meterse a la ducha en pantaletas y ahí las lavaba y en ocasiones las olvidaba colgadas en las manivelas de las llaves de la regadera. Me gustaba ver las pantaletas en sus colores pastel femeninos; un día ya no me aguante poco a poco estire mi brazo hasta tocar aquella prenda que tanto me atraía. Que sutil material; que suavidad y que sensación tan hermosa sentí al deslizar aquella prenda entre mis dedos infantiles.

A partir de aquel momento despertó el deseo de sentir esas prendad tan deliciosas sobre mi cuerpo. No sé si a mi madre le extraño mi amor por bañarme, sobretodo recién salida ella. Tristeza cuando Mama decidía sacar su pantaleta al lazo de tender y jubilo cuando la dejaba ahí, hermosa como una banderola anunciando feminidad. Mi Madre, debo decirles, era una mujer muy hermosa, educada y de un porte muy femenino, su cuerpo bien estructurado acentuaba su belleza.
Empecé, como afirme, por tocarlos depuse di un paso muy grande y los quitaba de la llave para acariciar mi cuerpo con ellos. El paso gigantesco y decisivo que me indico la presencia de un conteo alto de hormonas femeninas en mi sistema fue cuando alimentado de un deseo incontrolable...ME LOS PUSE. O tristeza, eran grandísimos para ese cuerpecito que tenia. El deseo intenso de verme en panties me generaron la idea de recogerlos con una mano de atrás, como arrugando un papel en la mano haciendo un puño. Que sabrosa se sentía aquella tela sedosa en mis genitales que mostraban gran placer al sentir aquellas pantaletas rozar en una forma erótica.
Como deseaba que mi hermana también dejara sus pantaletas en la regadera como Mama. Pero el destino estaba escrito que a mí me gustaran las pantaletas de Seda (no sé que material seria pues no sé si el Nylon ya sé si DuPont ya había sacado el Nylon) y no las de algodón que usaba mi hermana.
Esto siguió hasta que mis padres decidieron sacar visas para emigrar a los EE.UU. llegamos a ese país cuando yo tenia 9 años. Ahí empezamos una vida nueva y en una sociedad completamente distinta a la cual me había acostumbrado. Hasta la costumbre tan hermosa de mi Madre de dejar sus pantaletas en el baño desapareció. La desesperación de no tacar aquellas prendas me llevo al riesgo de ser descubierto acariciándolas dentro del cajón de su Chiffonier. Dos ocasiones estuve a punto de ser sorprendido por mi madre y otra por mi hermana, pero me imagino que el pretexto fue valido ya que de ahí no paso.
Aparece en escena mi segunda hermana y la atención de todos giro hacia la nueva bebe.
Por cuestiones de cambios y de participación en actividades adecuadas para un varón de 10 años aquel deseo empezó lentamente a entrar en un letargo que ocasionalmente asomaba ante la visualización de pantaletas femeninas, ya fuera en tiendas o en lazos de familias vecinas.
Crecí y el gusto por ponerme ropa intima femenina se encontraba en lo mas profundo de mi psiquis. Mi cuerpo era quizá normal para un hombrecito de 12-15 años de edad, cuando menos eso pensaba yo. Una tía no pensaba así, ya que me comentaba que como quisiera ella o que sus hijas tuvieran las piernas que tenia yo.
Este comentario no me gustaba ya que yo era hombre, el único hombre en la familia, en la familia entera ya que ninguno del apellido. Esto me fue recordado en muchas ocasiones y era una misión que se me había impuesto desde temprana edad.
Empezó la batalla sexual, a pesar de mis gustos por lo femenino y mi preferencia por compañía femenina tome la decisión de hacer desaparecer eso de mi mente y mi vida.

Por muchos años logre desaparecer esas cosas de mi vida. Practique deportes como Tenis, Volleyball, Baseball, Football Soccer, Basketball, Pista y campo en muchas de sus disciplinas, Softball, Football Americano y Frontenis. Esto me ayudo a quitarme aquella espinita que habían implantado mis tías acerca de mis piernas. Ahora ya tenia piernas de deportista, lo que se espera tenga un hombre. Mi espalda se ensancho y mis brazos se adaptaron al nuevo cuerpo.
Pasa el tiempo, ya de 18 años conozco a la mujer que seria la compañera de por vida...mi hoy esposa. Aquella niña que estaba dentro de mí siguió dormida por varios años más.
En 1968 nos juramos amor eterno ante las leyes de Dios y ante las del hombre.
Al salir de la iglesia, mi abuelo paterno (QEPD) me vio, me abrazo y me dijo: “No me vayas a fallar flaco”. No Abuelito, no te voy a fallar. La persecución del peligro de extinción del apellido directo me seguía como un fantasma pegajoso.

El gusto por la ropa femenina siguió en el rincón mas profundo de mi ser sin tan siquiera un recuerdo, hasta que un día en el año de 1971 al salir del baño listo para ir a trabajar, no había trusa limpia y después de disculpas (no había necesidad) por no tenerme la ropa lista, me dio una pantaleta de ella y me dijo: “mira ponte este para que no te vayas a rozar, al fin que nadie te la va a ver”. Como un bólido y respirando bocanadas de aire, salió aquella nena que deambulaba por los rincones de mi yo interno por tanto tiempo. La presión sobre la ampolla fue mucha y esta reventó. Nos reímos mucho y me oponía a ponerme la pantaleta, aunque mi interno regocijaba y deseaba ceder...... y cedió.
Nunca lo olvidare, era un bikini ( estaban recién de moda) negro de encaje, una preciosidad. Al ponerme aquella prenda, inmediatamente mi virilidad hizo que el bikini pareciera un diminuto encierro forzado para mi órgano sexual.
Pues me fui al trabajo con mi sexy pantaleta bikini de encaje. No se imaginan la cantidad de viajes al baño ese día de trabajo, solo para verme en el espejo. Hubo un compañero que me ofreció unas pastillas para el malestar estomacal...Ji ji ji.
Por que mi flamante esposa hizo esto, no lo sé pero se puede decir que ella despertó a la muchachita que se escondió dentro de mí por muchos años.
Todo fue hermoso ese día pero llego a su fin. La ropa interior de hombre estaba esperándome a diario sin falta. Pero la niña no regreso a los rincones, ahora había despertado y se paseaba por mi interno esperando le diera salidas ocasionales.

Pasan los años y fuimos agraciados con un varoncito, y a los tres años uno mas, los cuales mi abuelo alcanzo a disfrutar por un tiempo.
La niña de vez en cuando la dejaba salir poniéndole pantaletas a escondidas del mundo por cortos ratos cuando se presentaba la oportunidad sin riesgo.
El tiempo no se detiene y los hijos crecieron y abatiendo sus alas volaron a hacer su vida propia. Mi compañera y yo nos quedamos como empezamos, solos, felices, pero ya con 20 años de matrimonio en el currículo. Y seguía el goce ocasional.
El destino tenia trazado que en 1994 a los 26 años de casados, se repitiera la historia....
Tenia que salir a un negocio y no había trusas limpias. Al salir del baño le pedí la prenda, fue al guardarropa y soltó la carcajada; “ten”, me dijo entrgandome una pantaleta de ella, esta vez era una de corte frances. “Otra vez?”, cuestioné entre carcajadas mutuas. Ay Diosito que felicidad, era como tener permiso para usar pantaleta. Fui, conduje mis negocios y regrese casi obscureciendo. Me quite la ropa, menos la pantaleta y me senté en mi reclinable a disfrutar de un rato de tele. Ella en la cocina preparando la cena, de vez en cuando levantaba la vista y me veía y volvía a su quehacer. La excitación era notable ya que acariciaba la parte frontal sobre la pantaleta con la palma de mi mano. Ella sin olvidarse, levantaba la vista de cuando en cuando para verme. Para evitar me dijera algo, comente: “ oye no te importa que me deje puesta la pantaleta mientras veo tele?”. Ella dejo le cocina y acercándose dijo: “ no, no me importa”. “Te gusta como se siente la pantaleta?” “Si” le conteste; “se siente bien rica”. A lo que ella contesto viendo hacia mi pubis “te creo”; con la misma se regreso a la cocina a continuar con la preparación de los alimentos.

Al día siguiente ella tuvo que ir a hacer unas compras de comestibles y de más. Esa noche al sentarme a ver tele vino hacia mí y me dijo “ten, te compre estas”. La vi con asombro al ver que lo que me mostraba eras tres pantaletas de Nylon en colores pastel.....Dejavou!
“Y esto?”, pregunte. “Son para ti ya que te gusta sentirlos, para que veas la tele en la noche a gusto”. Me pare, la abrace, y le di las gracias. Ya tenia PERMISO OFICIAL de mi compañera de vida, que felicidad.
Paso un tiempo y mis vestidas de panties al anochecer eran cosa de rutina, hasta me dormía en pantaletas. Esto, cabe mencionar, fue un incremento tremendo en nuestras costumbres y relaciones sexuales ya que la tendencia a usar ropas femeninas era ya parte de mi vida. Al poco tiempo vi en su guardarropa unas medias color humo con la liga integrada en un encaje. Un día mientras ella andaba fuera, me las puse y anduve en panties y medias caminando por toda la casa. Poco duro el gusto pues llego despuesito que decidí guardar las media y volverme a poner los pantalones.
Esa noche saque la platica de las medias y comente que pensaba que se sentían muy bonitas. “Te quieres poner unas?” pregunto. “Si no te importa, me gustaría ver como se sienten”, comente. Me las trajo y me las puse. Que sutileza de material, el sentir los panties y las medias resulto en una reacción penil que termino en una tórrida sesión sexual. Al día siguiente yo quería relajarme en mi reclinable con mis panties y medias; le pregunte si me permitia. A esto ella pregunto “Hasta donde va a llegar esto mi amor?”
No conteste y no insistió, me trajo las medias, me las puse y no volví a pedirle me prestara las madias.
Todo marcho sin cambio por meses, hasta que fui a otra ciudad a ver a un amigo de mas de 30 años. Llegue a la casa de mi amigo en Houston Texas, y luego de los holas y abrazos, nos sentamos en la sala donde él estaba viendo un programa de Cristina Saralegui, acerca de travestís. Estaba yo admirando aquellas bellezas y note que él me miraba de reojo. “Que te parecen esos” me pregunto. “Están hermosas” le conteste. “Son hombres!” mi amigo voceo. “ya lo sé, son hermosas”, conteste. “Oye no te espanta eso, no te da coraje?” No hombre, a mí me gusta ver a gente como ellos. “Ahora esto ya es muy común, que el hombre se ponga prendas de mujer para satisfacción sexual”. Me vio sonriente y me comento “ Que pensarías si te dijera que a mí me gusta esto?” “Pues te diría que bueno y te enseñaría esto (bajándome los jeans y mostrándole mi pantaleta)”.
Su quijada pego en la alfombra y la recupero rápidamente, tomando el tema del travestismo.
Aquí estaba un amigo de años con los mismos gustos que yo y nunca nos hubiéramos imaginado. Me contó su entrada al travestismo y las peripecias que hacia para poder esconder su gusto. La diferencia es que mi amigo ya tenia la experiencia de vestirse totalmente como mujer, mientras yo solo vestía prendas intimas.
Me enseño fotos de ella (Wendy) en ajuar completo y comentamos sobre ellas, los zapatos, peluca, etc.etc. “Tu nunca te has vestido?” “No, no me interesa vestirme solo sentir las prendas intimas”, conteste. Y en verdad nunca pensé ni me visualicé vestido como mujer, simplemente no me llamaba la atención.
Siguió la platica acerca de los gustos secretos y me invito, casi suplicando que nos vistiéramos juntos. Que caray, después de saber nuestros secretos personales no quería ofender a mi amigo y accedí. Fuimos a una tienda y me compre un Baby Doll, maquillaje, uñas, zapatillas y película Polaroid para documentar el acontecimiento.
Pues me maquille, vestí, puse una peluca(de chinos) y realmente me gusto como me veía en ese momento. Ahí anduvimos las dos como loquitas practicando la caminada, la sentada, y otras monerías más.

Regrese a casa y lo primero que hice fue esconder las fotos y guardar el secreto. Me vino a la mente sus palabras “hasta donde va a llegar esto?”. De vez en cuando sacaba las fotos, las veía y entre mas las veía, más fea me veía. Que bruto que horribilidad; parecía uno de los Chicos Malos de Disney con peluca! Aun viendo la realidad de la hembra...Ja Ja Ja, el recuerdo de lo que sentí al verme de mujer me daba cosquilleo. Mi esposa y yo siempre hemos sido muy abiertos, sinceros y sin secretos; ahora yo le estaba escondiendo algo y esto me estaba matando. Decidí deshacerme de las fotos y de la idea de vestir totalmente como mujer, las iba a quemar pero antes tenia que decírselo a ella y mostrarle las fotos porque no quería quebrantar nuestro pacto de sinceridad. Saque las fotos y se las enseñe; hubo un silencio, me volteo a ver y me dijo “a eso fuiste a Houston?”
No precisamente pero....le platique todo y acerca de nuestro mutuo amigo y su secreto. Ya que termine de platicarle todo su comentario fue, “pues tu como mujer, nomás no”.
Aunque me cayo como un balde de agua fría en enero, tenia razón, yo como mujer nomás no la hacia, me veía mal.

Pasaron dos años y nos mudamos a Houston. Ahí mi amigo de años nos visito y saco la platica. Mi esposa le dijo exactamente lo que pensaba acerca de como me veía de mujer.
Y no acepto el cambio propuesto. No se volvió a tocar el punto y seguí como hasta entonces aceptaba mi compañera; panties y medias unicamente.
Pasaron como dos meses y una mañana me pidió la acompañara a hacer unas compras. Llegamos frente a una tienda y me dijo “es hora de comprarte una peluca bonita”. Me quede con el ojo cuadrado e inmóvil. Se bajo del coche y me dijo “no vas a venir?”
De ahí pasamos a otra tienda y compro ropa y zapatillas de mi talla y numero.
Esa noche, en casa me dijo; “ven, vamos a maquillarte”.
La sesión duro aproximadamente una hora y no dejaba que me viera sino hasta que termino. Me vi en el espejo y......ERA MI MAMA como lucia cuando yo era niño!
Es muy difícil explicar lo que sentí, al verme de mujer, lo que si puedo decir es lo que sentí por esa mujer que con todo su amor estaba aceptando una personalidad escondida en su esposo. Mi amor por ella brinco a un siguiente nivel a partir de esa noche en la cual nació SANDY KAY(kei).
Me vestía y andaba en casa, me tomaba ella fotos y video, esto era seguido. Un día vino mi amigo (Wendy) y me dijo, “ye te animas a salir?”. “NO” conteste. “nadamas en el carro una vueltecita” me invito. Me anime y dimos una vuelta corta....que sensación, andaba fuera de casa vestido de mujer!.

Lega mi cumpleaños y para festejarlo mi esposa planea una estancia en céntrico hotel cerca del área Gay de Houston, donde me llevaría a un club vestido de mujer.
Por primer vez, Sandy sale ante el mundo en todo su esplendor. Nadamas vieran el circo para animarme a salir del cuarto de hotel y después para bajarme del carro ya en el club...CONGELADA LA SANDY!
Mi esposa entro y me dejo en el carro, regresó con varias travestís del club y entre ándale y ándale...me baje y entre al club. LA VERGÜENZA! Todo mundo sabia (menos yo)y aplaudieron a mi entrada. “No pos de ai pal real” como luego dicen, Sandy se volvió una figura común en los clubes de Houston. Al paso del tiempo aprendí a maquillarme tome un curso de cosmetología y logro esconder las facciones masculinas.
Era costumbre de mi esposa y yo salir todos los sábados como amigas a los diversos clubes aceptantes de la disciplina travestido.
Abrimos un estudio de transformaciones y fotográfico Fantaisie Feminin por medio del cual conocimos e hicimos bellas amistades. Ahí maquille y transforme a cientos de neo travestis y a muchos caballeros de edad que únicamente soñaban en ser femeninas

Este agosto cumplimos 34 años de ser un matrimonio feliz y La Sandy aun forma parte de el, y seguimos siendo una pareja comunicativa, leal, sincera, sin inhibiciones, y amorosa.

Un hombre con tendencias travesti, que no llegan así por que si, se nace con ellas; debe tener mucho cuidado y decidir si es buena idea comunicarle a su pareja o familia su travestismo. Esto puede ocasionar problemas serios y de mucha consecuencia negativa en la familia.
Nadie puede decir a otro si dar a conocer este gusto o no, cada quien, si se presenta la oportunidad y ya se han estudiado las consecuencias, si las va a haber, debe decidir por si mismo.

Yo tengo la dicha de tener una esposa que sabe y comprende, una madrastra que sabe acepta ya adora, un padre que sabe acepta pero se rasca la cabeza en ocasiones. Un par de hijos varones que me llegaron a ver de Sandy un día de Halloween, que estamos casi seguros saben, pero dejan las cosas en el lugar que les corresponde e inteligentemente no tocan el tema.

Ojala este relato le sirva de algo a las niñas que apenas empiezan en esta disciplina.

Sandy Kay (Kei) Russell
(Russell vino de un grupo de niñas que se consideraban hermanitas, todas somos Russell)

Martes 9 de julio del año 2002

 

 

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