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José Fernando Serrano Amaya Introducción Los bares y discotecas exclusivos para personas homosexuales han sido por varias décadas un espacio privilegiado para su encuentro y socialización; allí, además de la posibilidad de conocer nuevos compañeros y compartir con los grupos de amigos se construyen formas de identidad y se pone en escena la cultura gay. En este texto abordaré tres tipos de espectáculos que suceden en estos lugares en los que el manejo del cuerpo ocupa lugar fundamental; antes de seguir son necesarias algunas aclaraciones. Son muchas y muy diversas las discusiones con respecto a los términos usados para hablar de quienes tienen relaciones erótico-afectivas con personas de su mismo sexo. El término "homosexual" se acuñó a fines del siglo pasado cuando la sexualidad pasaba de ser un asunto esencialmente moral y filosófico para volverse una preocupación médica; con dicho término se buscaba hablar de un tipo de sujetos que poseían una "naturaleza" particular, a diferencia de denominaciones anteriores como la de "sodomía" que se referían más una práctica (Foucault, 1978). Por otra parte, si bien fue un término aplicado a personas de ambos sexos, tendió a referirse más a los hombres; a la par surgió la expresión "lesbianismo" en el contexto de la literatura romántica. Diversos movimientos políticos y reivindicativos han rechazado el término "homosexual" por sus asociaciones con la clínica y la patología y por su énfasis en el aspecto sexual, por lo cual han preferido otras denominaciones; la palabra gay (3), cuya definición en inglés alude a algo alegra, festivo, jovial o llamativo, ha sido usada para referirse más a la participación en formas culturales que les propias a los sujetos que se identifican con la condición homoerótica. Dicho término se ha generalizado incluso a países que no son de habla inglesa y se asimila o reemplaza expresiones latinoamericanas como entendido, o de ambiente, que tienen la importancia de ser construidas por los sujetos mismos para hablar de su particularidad. En este texto uso la expresión "homoerotismo" como una gran categoría que alude a las expresiones, vivencias, sentimientos y emociones referidos a personas del mismo sexo y que incluyen la sexualidad y la identidad con la orientación sexual pero no se reducen a ello. Señalo además que no se puede pensar la homosexualidad como un asunto homogéneo y unitario en la vida de los sujetos, pues existen muchas formas de serlo y vivirlo, de acuerdo con construcciones de cuerpo, relaciones de género, condiciones de clase, identidades, entre otros aspectos; por lo anterior, la experiencia homoerótica puede asumirse desde su dimensión genital, desde sus implicaciones afectivas, desde una perspectiva espiritual, desde sus implicaciones políticas e identitarias y desde todas y cada una de ellas a la vez (Serrano y Corredor, 1994). Tal diversidad de posibilidades nos lleva a pensar que sería más adecuado hablar de homosexualidades y a considerar la experiencia erótica de una manera mucho más móvil y diversa. Cultura gay es otro término que requiere aclaraciones(4). En nuestro contexto, no toda persona que tenga relaciones sexuales con sujetos de su mismo sexo se considera homosexual o hace de ello referente significativo de su identidad personal y social; esta situación se hizo particularmente evidente al inicio de la problemática del SIDA pues hombres que tenían relaciones sexuales con otros hombres no se sentían aludidos cuando se hablaba de éste como "una enfermedad de homosexuales" ni con el lenguaje usado en las campañas de prevención. Además, en varias regiones del país es común que hombres que se consideran heterosexuales tengan relaciones genitales con otros hombres, siempre y cuando mantengan el papel de penetradores. Por ello, hablar de cultura gay nos implica ir más allá de los aspectos sexuales y acercarnos a los símbolos, a los significados y en general a las epistemologías de grupos sociales autodefinidos y autoreferenciados por su condición homoerótica. Además, la cultura gay incluye a personas que no necesariamente son homosexuales, como sucede con muchos amigos --especialmente mujeres-- de hombres gay que conocen sus lenguajes, sus expresiones, comparten sus sitios y sus estilos de vida. Existen muchas culturas homosexuales de acuerdo con condiciones de clase, etnia, género y región, entre otros factores, que se relacionan entre si y se afectan mutuamente, creando lenguajes y simbologías que resultan siendo transnacionales y transculturales; alguien decía que su condición gay le hacía más cercano a personas de otros países que a otros de sus compatriotas. Desde las protestas de Stonewall en Nueva York a fines de los años sesenta, se fue formando un estilo de cultura gay reivindicativo y orgulloso de su condición, que buscó hacerse público y acceder a espacios que antes eran negados. Surgió entonces toda una industria especializada en múltiples servicios para la comunidad gay: publicaciones, sitios de encuentro, turismo, vestuarios, espectáculos, seguros de vida, entre otros aspectos; con ello venían también estéticas propias con nuevas imágenes de cuerpo y en general todo un modelo de vida. Este modelo ha surgido básicamente desde una perspectiva masculina, blanca y de clase media y si bien las lesbianas y otros grupos homosexuales --inmigrantes, minorías étnicas-- han compartido algunos de sus referentes no se identifican del todo con ellos.(5) Hechas estas aclaraciones, podemos pasar al desarrollo del tema en cuestión. 1. Los territorios La posibilidad de encontrarse en un espacio autónomo y libre a la expresión de los sentimientos resulta fundamental para los grupos marginalizados o discriminados. La delimitación de un territorio propio se convierte en factor fundamental en la construcción de identidad y en la afirmación de un sentimiento de diferencia; los territorios de un grupo pueden estar claramente demarcados o moverse con los sujetos, pueden ser asignados o apropiados, pueden ser permanentes o temporales. Para citar un ejemplo, ya desde la colonia se advertía que los expendios de bebidas alcohólicas eran sitios privilegiados para el "desborde de las pasiones" tanto hetero como homosexuales, por lo que durante años fueron objeto de atención moral y control policial.(6) En estos lugares confluían sujetos de diversas condiciones sociales y culturales quienes expresaban allí sus inconformidades con la normatividad oficial y el control que se pretendía ejercer sobre los afectos. Por eso se consideraban estos lugares cuna para todo tipo de transgresiones: herejías, blasfemias, perjuros y claro, pecados de la carne. Si bien la historia de los espacios de encuentro homosexual está por construir, quisiera señalar que los bares y discotecas en general, son lugares privilegiados para la expresión lúdica y erótica por su condición nocturna, separados del afuera y de lo cotidiano, ambientados por factores descondicionantes como la música y el licor y puestos en un tiempo particular. Hay que señalar que estas características no les son exclusivas a los bares gay. En investigaciones anteriores sobre los sitios de rumba en Santafé de Bogotá hemos encontrado que la puesta en escena, la construcción de formas de aparecer ante otros mediante acciones sobre el cuerpo --maquillajes, peinados y vestuarios especiales--, la separación del exterior, son entre otros, aspectos fundamentales de los sitios de encuentro de diversas culturas juveniles actuales (Serrano, 1996). Los bares y sitios de rumba son en general espacios altamente expresivos y emotivos, en donde los sujetos llegan a desarrollar fuertes lazos de identidad con el lugar y sus asistentes a medida que se hacen clientes fijos; con el tiempo se construyen "comunidades emocionales"(7) motivadas por la asistencia al lugar y caracterizadas por una serie de lenguajes, sobre todo no verbales. Lo que tendría de especial el caso que señalaré es el tipo de identidades que allí se construyen y su lugar en la dinámica de una cultura particular como la cultura gay. Algunos sitios de rumba gay masculina(8), han integrado en sus actividades además del baile y la música, la presentación de ciertos espectáculos artísticos que en muchos casos se convierten en su atractivo fundamental. Estos eventos han ido variando a lo largo de los últimos años, llegando incluso a diferenciarse entre sí y a convertirse en marcadores de distancias entre territorios y nuevas identidades. En la actualidad, en Bogotá y otras ciudades capitales del país, los bares gay ofrecen una variedad de shows en los diferentes días de la semana, incluyendo fiestas con motivos diversos, concursos, carnavales y presentaciones de artistas especiales. Los casos que describiré a continuación forman parte de dichas actividades, las que ocupan papel protagónico en el ritmo lúdico de los lugares. 2. Bellas, machos y divas: los cuerpos La primera vez que vi el show de Zuley Marcela, iniciaba su carrera en el transformismo; fue en un bar pequeño que quedaba frente al Cementerio Central. En ese momento hace ya diez años, los bares gay tendían a estar en zonas marginales y hasta cierto punto clandestinas de la ciudad. Hoy, dichos bares han aumentado por lo menos cuatro veces más, se han vuelto luminosos y menos clandestinos, se han regado por toda la ciudad y algunos incluso se han convertido en espacio codiciado para la rumba de parejas heterosexuales. Situación irónica, si tenemos en cuenta que hasta hace poco eran comunes las batidas(9) que la policía hacía en los bares gay, sin más argumento que la presencia de hombres homosexuales. En ese momento Zuley Marcela se parecía un poco a una Liza Minelli bajita cantando las baladas de Rocío Durcal y Ana Gabriel; era una de sus primeras presentaciones y el sitio no parecía lo más adecuado para el espectáculo pero sus amigos del equipo de basquetball estaban allí apoyándola. Terminada la tanda de fonomímicas se sentó con nosotros; era la mujer más femenina, si la expresión tiene sentido, que había visto. Con los años y el crecimiento de su experiencia la he visto "más" mujer, tal vez porque sólo existe durante unas cuantas horas en algunas noches del año, cuando Javier se transforma en ella. El transformismo --el arte de dar vida a una mujer a partir de un hombre-- ha sido durante varios años una de las actividades principales en muchos de los bares gay; reinados, conciertos, presentaciones son protagonizados por estos personajes, volviendo los bares un lugar espectacular, casi carnavalesco. Sin embargo, desde hace unos cuatro años han ido apareciendo otros espectáculos con nuevos protagonistas --los streepers y las drag queens--, tras los que se perfilan referentes de identidad y formas de vivir los espacios gay diversos. Los cuerpos de los que voy a hablar funcionan en un eje en cuyos extremos están ciertos imaginarios y estereotipos con respecto a lo masculino y lo femenino y se construyen mediante el forzamiento máximo hacia uno u otro de los límites; de la hiperfeminización pasamos a la hipermasculinización. 2.1. Belleza y sofisticacion: transformistas Para ser sincero cuando empecé a conocer a Javier y sus otros amigos transformistas no me era fácil interactuar con ellos, menos cuando eran "ellas"; no sabía qué género usar en el lenguaje, como tocarlos o de qué hablar. Con el tiempo aprendí que Zuley Marcela y su amigas tenían vida propia, una historia, unos gustos y unos modos de ser que por ser transitorios no eran menos reales. Aprendí también a apreciar su arte y a reconocer la importancia que éste tenía en sus vidas. El acto de transformarse implica para ellos asumir un modo especial de presentarse ante otros, invirtiendo en ello tiempo y dinero; es un arte que se aprende con mucho esfuerzo y para el cual sólo unos pocos están dispuestos. Por lo general, se realiza paralelamente a otra actividad profesional y en general a la vida del sujeto; en algunos casos sólo saben de ello los amigos más cercanos, aunque otros deciden mostrar su arte también a sus familiares y allegados. El transformismo tiene sus imágenes referentes en las reinas de belleza y en algunas actrices y cantantes famosas en el mundo de espectáculo, que van de Marilyn Monroe a Madonna y pasan por una serie de baladistas mejicanas y españolas principalmente. El transformista busca representar a una "mujer ideal" entendida desde ciertas características atribuidas a la feminidad: delicadeza, elegancia, porte, recato, sobriedad y estilo. Para ello se realiza una compleja acción sobre el cuerpo masculino que transforma temporalmente su apariencia en femenino: las cejas se tapan, la manzana de adán se cubre, se moldea la cintura y la cadera con fajas y corsets, las piernas con varios pares de medias y se esconden los genitales; el maquillaje resalta pómulos, forma cejas, delinea ojos y labios, tapa la barba; postizos, pelucas, tacones y vestidos exuberantes, llenos de colorido y elegancia cubren el cuerpo y resaltan sus nuevas formas. Luego de varias horas y con la ayuda de uno o dos expertos en ello se logran imágenes de cuerpo que muchas mujeres envidian y que no pocas veces engañan a los desprevenidos. A esta altura es posible que el lector se pregunte si existe diferencia entre esta acción y el travestismo y por qué se llaman transformistas y no travestis. La respuesta no es única y tiene varios matices. En primer lugar, desde una mirada externa podemos decir que en efecto el transformista es un travesti pues cambia el género de su ropa y apariencia; esto supone, claro, que haya una cierta diferencia entre las ropas asignadas para uno y otro sexo, pues en los estilos andróginos o unisexo no hay tránsito que hacer. Sin embargo para los sujetos implicados si hay diferencia: el transformista hace lo que hace en una ocasión y en un evento artístico, especial, para el que se prepara con anticipación y luego del cual "recobra" su apariencia masculina; a diferencia de esto, según ellos, el travesti vive así de cotidiano, asume su cambio no sólo como una ocasión sino como una opción vital. Además, entre sectores de la cultura gay local existe una asociación entre el travestismo, la prostitución y la delincuencia que lleva a un abierto rechazo hacia dichas personas. De cierto modo, en nuestro contexto, el travesti es el discriminado entre los discriminados. El cuerpo del transformista busca cumplir ciertas condiciones: ser joven, delgado, bello, grácil y sobre todo lograr la proxemia y la kinesia femenina; si bien algunos nos tienen las primeras condiciones físicas, lograr la gestualidad femenina es fundamental. A parte de ello, se requieren otras "dotes" como el histrionismo y los movimientos para interpretar las canciones de las artistas favoritas. Por eso sus nombres también buscan algo artístico: Maricela, , Johana, Helen Vargas(10), Veriuska. Cada uno escoge interpretar las canciones de su preferencia; algunos de ellos se presentan varias veces bajo el mismo nombre, llegando incluso a la creación de personajes famosos, mientras que otros usan diversas denominaciones de acuerdo con el efecto que quieran lograr. Decía uno de ellos que poder hacer esto requiere una sensibilidad particular, favorecida por la condición homosexual; "hay cosas que sólo nosotros podemos saber y compartir con las mujeres, además del gusto por los hombres". Lo anterior no quiere decir que no hallan hombres heterosexuales que se transformen, pero en los escenarios que describo los sujetos que actúan son esencialmente homosexuales. Durante su presentación sólo existe "ella", con su vida particular. Así se relaciona con los otros y así se la trata. El show "típico" empieza cuando la rumba ya ha avanzado y consiste en la interpretación de varias canciones, por lo general baladas románticas en español, muy conocidas por el público. Terminado el acto es posible que "ella" salga y comparta con el público y salude a sus amigos; luego se cambia y vuelve "él" o sale desapercibido. Como ya he dicho, durante muchos años el show transformista ha sido uno de los eventos principales en la vida de los bares gay, pero desde hace unos pocos años en Bogotá las ofertas lúdicas han crecido y han aparecido nuevos espectáculos. 2.2. Musculos y masculinidad: streepers. Si bien la presentación de espectáculos en los que el centro es la exhibición de atractivos cuerpos masculinos no es nueva en los bares gay, en los últimos tres años esta actividad se ha generalizado y vuelto cotidiana y en algunos casos ha desplazado las presentaciones de transformistas como actividad principal. Desde fines de los ochenta algunos bares gay se desplazaron del centro hacia el norte de la ciudad, buscando dejar de lado las connotaciones de clandestinidad y sordidez y asimilándose más al modelo de las discotecas heterosexuales de moda; además del costo que implicaban para algunas personas, en ellos se rechazaba la presencia de travestis y se restringía la entrada a quienes no compartían una estética juvenil y de moda. Los streepers presentan una construcción de cuerpo que se encuentra en el extremo opuesto de la anterior: un cuerpo musculoso producto del gimnasio que se luce mediante ropas deportivas, uniformes militares, industriales o de trabajo pesado, bajos las que hay prendas que resaltan los pectorales, los genitales y las nalgas. Sus referentes están en los cuerpos que circulan por los medios de comunicación, la publicidad, el fisicoculturismo y algunos ideales estéticos de la cultura gay.(11) El acto del streeper y su destreza están en saberse desnudar mientras baila, de una manera similar a los shows de mujeres para hombres heterosexuales; existen tambien streepers para bares de mujeres heterosexuales, pero de ellos no me referiré aquí. En algunos lugares gay la presentación del o de los streepers ocupa un lugar central en la noche de rumba mientras que en otros resultan siendo un acompañamiento que no causa interrupción en el ritmo de la música. De acuerdo con los sitios y los sujetos se han ido estableciendo códigos sobre las partes del cuerpo que se muestran y el contacto que se puede establecer con el público: en algunos lugares los streepers salen y bailan hasta quedar en diminutas tangas mientras que en otros, luego de esto se retiran y vuelven a salir mostrando el pene en erección; en otros sitios más se permite que durante unos minutos el público los toque y les frote aceite. Con respecto a su historias, algunos de ellos han sido bailarines de pequeños grupos que hacen acompañamientos a actos en sitios nocturnos; otros han sido contactados en gimnasios y bares por personas que se encargan de organizar revistas musicales y otros más han llegado allí por "gusto". Si bien muchos de estos streepers son homosexuales, tienden a comportarse de manera similar o la de hombres heterosexuales, por ejemplo haciéndose acompañar de mujeres mientras están en los bares y rechazando cualquier acercamiento y actitud gay. Algunos streepers hacen presentaciones privadas en fiestas y otros eventos y en este tiempo se ha ido consolidando un grupo dedicado a ello como actividad laboral principal. Los espectáculos de streepers están en proceso de formación, a diferencia de los de transformistas que han logrado cierta especialización. Al momento se han organizado algunos concursos de streepers y ellos ya hacen parte de la cotidianidad de muchos bares gay. 2.3. Las divas: drag queens Al poco tiempo de hacerse evidente la presencia de los streepers aparecieron en escena, particularmente en un bar al norte de la ciudad(12), las drag queens. Tomadas del modelo de la cultura gay norteamericana, las drags impactaron por su exuberancia y la exageración de sus atuendos referidos también a un modelo de feminidad, pero burlado y alterado; las drags se caracterizan por el uso de colores exagerados, la combinación de materiales muy diversos en sus vestuarios, las grandes pelucas, el uso de objetos que complementan los vestidos y toda una parafernalia de exuberancia. En sus cuerpos no se busca tanto asimilarse a las características femeninas en senos y caderas, sino al contrario, exagerarlas: senos gigantes o sin senos, caderas anchas o delgadas. La exageración cubre lo masculino, sin importan que se note, pues su pretensión no es asimilarse a la de reina de belleza; como decía alguna "su belleza es interior". Las drags juegan entre la burla y la tragedia, pasando fácilmente de una a otra; en sus presentaciones imitan a divas de la opera, a figuras del espectáculo o bien crean personajes propios. No siempre tienen una presentación específica, sino que se pasean por el lugar burlando y jugando con los clientes; su papel es más el de anfitrionas o animadoras pues les encanta el público. Sus nombres --Asessinata, Viola, Pepa Cojones, La Dolores-- indican los referentes hacia los que se mueven. Algunas de ellas han construido un carácter y una historia a sus personajes, similar al caso de los transformistas. Las Drags también se diferencian de los travestis, aunque en una entrevista uno de ellos consideraba que de cierto modo lo eran. La condición de clase aparece como otro aspecto importante en su conformación en la medida en que algunos de ellos conocieron el mundo Drag en viajes a Estados Unidos y hacen importantes inversiones económicas en vestuarios e implementos; en general no viven de esta actividad y tienen profesiones que les permiten cierta independencia. 3. Cuerpo-imagen y nuevas identidades. ¿Qué expresan las construcciones de cuerpo que he referido? Si bien este texto es un "abrebocas" al tema, quisiera proponer a continuación algunos puntos a considerar en el marco de esta reflexión sobre el cuerpo y el género. 3.1. Qué genero? La construcción de las imágenes de transformistas, streepers y drag queens se hace con referencia a una lógica binaria de género que opone lo masculino y lo femenino, como dos polaridades en tensión. Mientras los transformistas se acercan a una imagen de mujer "ideal" de la cual "desaparecen" en apariencia todas las referencias masculinas, los streepers hacen lo contrario; ambos sin embargo, son excesos, en el sentido de exageraciones. Los asistentes y los mismos "actores" del hecho reconocen el carácter ficticio de dicha construcción; así, todos saben --a menos que no de pertenezca a la cultura gay-- que tras "ella" hay un "él" y que el streeper "por más macho que parezca alguna pluma bota..." (13). La drag ocupa un papel especial pues se burla de ambos al integrarlos en sí y llevarlos hasta sus extremos; siendo "tan mujer" en algún momento no deja de manifestar su masculinidad, haciendo evidente el carácter contradictorio de su representación. Recuerdo la cantidad de risas y burlas que hizo una drag hace poco cuando dudaba en entrar al baño de hombres o al de mujeres y el desorden que armó al pararse frente al orinal... Los tres, a su vez, forzan los roles, las identidades, las imágenes "oficiales" de lo masculino y lo femenino, del hombre y la mujer, actuando directamente sobre su cuerpo; con ello, se convierten hasta cierto punto en transgresores de una manera explícita o implícita de las identidades de género, en un espacio y un momento que de por sí es transgresor como el de la fiesta. Es importante señalar que la condición homoerótica en estas personas y en sus públicos les da un significado diferente al que pueden tener en un contexto heterosexual y hecho por personas heterosexuales. En el caso de muchas personas homosexuales la construcción de la identidad de género se hace en medio de complejas relaciones con el rol social, la opción sexual, la apariencia física, los vestuarios, de un modo tal que se evidencia la fragilidad de la dicotomía masculino/femenino y se abre un panorama muy complejo de expresiones genéricas. 3.2. Miradas ' espectáculo ' espejo El acto del streeper, de la drag o del transformista son puestas en escena y dramatizaciones de roles e imágenes de género, sobre todo si tenemos en cuenta que hablamos de cuerpos construidos para momentos muy concretos y rodeados de una serie de condiciones que los separan de la cotidianidad y los ritualizan. Incluso en el caso del streeper, quien de los tres es quien más actúa sobre su constitución corporal, fuera del momento del espectáculo toma una apariencia diferente.(14). Son cuerpos-espectáculo, pues existen para ser vistos, para actuar ante otros y para ponerse en escena. Dicho de otro modo, son cuerpos que sólo existen en la acción, en el acto de representarse a sí mismos. Terminado la dramatización, cada quien vuelve a sus roles cotidianos. Quiero proponer además que las construcciones de cuerpo en cuestión operan a manera de espejos en los que se representan identificaciones de género de la cultura gay; allí se reflejan estereotipos sociales sobre lo que suponen deben ser/aparecer hombres y mujeres y que se hacen evidentes mediante su exageración. Pero como sucede con el mirar a diferencia del ver, este reflejo no se queda sólo en la exposición de las cosas sino que las reelabora y las altera. Debemos recordar que estamos hablando de sujetos y grupos que experimentan márgenes y zonas difusas de lo social y de las identidades, por lo que de cierto modo estos cuerpos les representan y les conectan con el exterior. Es una lógica similar a la "doble negación" (Bateson, 1976) en la que se afirma insistiendo en una negación o se niega afirmando; lo que permite comprender el sentido buscado es la existencia de un contexto en donde ello es redundante, o sea un contexto en donde se comparte de tal modo los significados que con un poco de información se puede deducir el resto del mensaje (Ibíd). Si se asocia la homosexualidad con la feminización se construye el sujeto más femenino y si se niega la masculinidad se construye el cuerpo más masculino.(15) 3.3. Otro cuerpo Por todo lo anterior, considero los cuerpos de transformistas, streepers y drags campos de cruce de fuerzas disímiles y contradictorias: en ellos confluyen roles y estereotipos de género, afirmación de la diferencia y reconocimiento de la discriminación, separación del afuera e introyección de los "esquemas oficiales", excesos, extremos y forzamientos del propio cuerpo, de la lúdica y de la erótica. En un sentido más amplio, lo que se estaría dando en la rumba gay donde se llevan a cabo estos eventos es un proceso ritual de negociación de las tensiones con la sociedad en general, sobre todo si tenemos en cuenta los contextos en que estas construcciones de cuerpo han ido apareciendo y el que algunas de ellas se han abierto hacia espacios heterosexuales. El paso del transformista al streeper y a la drag queen en nuestro país se da a la par de cambios en las legislaciones relacionadas con los derechos de las minorías, el reconocimiento de la intimidad y el libre desarrollo de la personalidad como valores fundamentales y el crecimiento de las ofertas de mercado para los homosexuales, por solo citar algunos aspectos. Sin embargo, no sería adecuado concluir de lo anterior que estamos en una sociedad más abierta o plural, si tenemos en cuenta que la cuestión de clase y las posibilidades de acceso a las industrias culturales gay generan nuevas condiciones de exclusión y discriminación para otros sujetos. Más bien, lo que nos estaríamos encontrado es que el mercado se convierte en el nuevo referente para establecer lo límites entre "los que están y no están"; por lo anterior, tendríamos que preguntarnos más bien por la relación entre el reconocimiento del potencial de consumo de los homosexuales y la aparición de políticas y conductas en apariencia más tolerantes en un contexto neoliberal(16). Las valoraciones con respecto a dichos cuerpos tampoco son iguales, si tenemos en cuenta que el streeper se asimila al modelo masculino heterosexual, mientras que el transformista y la drag se acercan al referente femenino, el cual sólo viven dentro del espacio del espectáculo y no pueden llevar a la cotidianidad --antes de hacerse más conocidas algunas drags procuraban no ser identificadas--; en esto, otra vez, puede estar la particularidad del travesti, quien asume su carácter transgresor en la cotidianidad, debiendo por ello enfrentarse con otras formas de discriminación. Incluso el mismo uso de términos en inglés puede considerarse una forma de marcar la diferencia. (17) Un aspecto a considerar finalmente tiene que ver con la cuestión generacional y de cultura juvenil que acompaña la aparición de los cuerpos que narramos. Los nuevos bares gay o los que se remodelan tienen elementos comunes con los otros bares que hacen parte de los ritmos lúdicos de los jóvenes actuales, si tenemos en cuenta que ellos son sus principales usuarios --con ciertas excepciones--. Algunos bares gay se han hecho atractivos para jóvenes heterosexuales en parte porque pueden escuchar muy buena música de moda, por ejemplo del tipo trance en todas sus variedades y porque durante un tiempo aquello se hizo moda alternativa. Un trabajo que está por hacerse tiene que ver con las construcciones de género que los jóvenes homosexuales hacen hoy y su diferencia con las de generaciones anteriores. La intuición que tengo, y con la que quiero cerrar este texto es que tras la aparición de las drags y los streepers se están expresando cambios en las identidades de género de los jóvenes gay, marcadas por nuevas condiciones de las culturas homosexuales y juveniles contemporáneas. La expansión del modelo de cultura gay norteamericana se da a la par de la conformación de economías de mercado especializadas para los homosexuales lo que nos sitúa la discusiones sobre la diferencia, la discriminación y la identidad en otros lugares: ¿cual es el costo de la asimilación con los modelos de derechos civiles liberales? ¿Hasta donde las políticas de pluralidad son respuesta al reconocimiento de la diversidad cultural o el reconocimiento de nuevos mercados? ¿Quienes son hoy los nuevos discriminados? ¿En qué medida los cambios generacionales están replanteando las relaciones de género tradicionales? Notas: 1. Agradezco a Betty Sánchez, colega y amiga con quien he compartido muchas de las ideas y experiencias que sustentan este texto. En la actualidad ella se encuentra realizando su trabajo de grado con hombres transformistas. 2. Antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, investigador en el Departamento de Investigaciones de la Universidad Central, Santafé de Bogotá, Colombia. 3. Boswell (1993) señala que no existen estudios profundos sobre los orígenes del término gay, pero lo considera asociado con personas o actos homosexuales desde el siglo XIII. Señala además, que en pocas lenguas existen términos similares a la oposición homo-heterosexual construida en el occidente moderno. 4. La pregunta por la cultura gay es tema importante en las investigaciones sobre la historia de la homosexualidad en Occidente. Por lo que parece, desde la Edad Media se han presentado expresiones culturales autorreferenciadas a pesar de las duras legislaciones al respecto, que incluyeron la pena de muerte, la expropiación de bienes y la vergüenza familiar; dichas culturas o "subculturas" se dieron en Europa y en América desde los primeros años de la colonia y si bien fueron perseguidas lograron desarrollar lenguajes y formas de identidad propias (Gruzinski, 1986; Mott, 1988). Su estudio nos permitiría entender otras formas de interacción cultural colonial pues en ellas se encontraban sujetos de diversas procedencias raciones y sociales que desarrollaban formas de socialidad alternas al orden vigente (Ibíd.). 5. En los últimos años se ha venido consolidando un conjunto de reflexiones y acciones bajo la denominación de queer theory o queer movement que buscan, entre otros aspectos, separarse de las dicotomía homo-heterosexual y de las construcciones de género que resultan de ella, incluido el modelo de cultura gay propuesto en buena medida por hombres blancos de clase media. 6. En una investigación en curso sobre la homosexualidad en la colonia he encontrado varias referencias a contactos homosexuales en pulperías y chicherías urbanas y parece que algo similar sucedía en las tabernas y cervecerías de varios países europeos. 7. Maffesoli (1990) toma de Weber este concepto para referirse a formas de socialidad convocadas por compartir sentimientos y afectos más que determinaciones estructurales; las comunidades emocionales so inestables, móviles, de convocatorias puntuales y transitorias, como sucede con algunas formas culturales juveniles. 8. Así como la palabra homosexual se aplica tanto a hombres como mujeres, igual sucede con el término gay. Sin embargo, también se usa la palabra lesbiana, con una alusión específica a las mujeres y diferenciada de gay, más común hacia los hombres. Por otra parte, si bien existen lugares dedicados principalmente al encuentro y la socialización de mujeres lesbianas, en el país no son tan numerosos como los de hombres homosexuales ni tienen el mismo grado de publicidad. Hasta el momento no he encontrado en los bares de lesbianas un evento paralelo al que describiré para los bares de hombres homosexuales. 9. Las batidas consisten en la irrupción de la policía en un lugar para requisar a los asistentes y pedir documentos de identidad; en algunas ocasiones la policía entraba en los bares gay y sin siquiera revisar los documentos de identidad se llevaba a los asistentes a alguna Estación; se dice que para evitar esto los dueños de los lugares dan comisiones a los jefes de policia. 10. Este nombre alude a Helenita Vargas, una famosa cantante nacional de música mejicana; los otros son de una reina de belleza y una cantante. Veriuska fue hasta hace poco un famoso transformista. 11. Aquí me refiero sobre todo a la estética que circula en la industria pornográfica gay, que incluye revistas, películas, líneas "calientes" y objetos diversos. Mucha de esta producción nos llega de los Estados Unidos; ya se han realizado en la ciudad presentaciones de algunas estrellas del cine porno norteamericano. 12. El bar en cuestión ocupa un lugar importante en la cultura gay actual e incluso en los escenarios de la rumba bogotana, en la medida en que trajo de manera clara los estilos de los bares gay norteamericanos. Al norte de la ciudad y con una arquitectura que se diferenciaba de la habitual en los bares gay bogotanos, Zona Franca presentó un espacio y un estilo de rumba que no se usaba hasta el momento; su referencia con los bares de Miami, sus actividades innovadoras y una especial selección de música de vanguardia, atrajeron hacia sí la atención de un sector gay de la ciudad principalmente joven y masculino. Desde el principio, Zona Franca se caracterizó por restringir el acceso a quienes no se asimilaban al estilo que querían darle al lugar, lo que por una parte creó un sentimiento de "diferencia" entre sus asistentes y por otra desplazó a los "excluidos" hacia otros lugares que o se han ido asimilando al modelo de Zona Franca o se han especializado en otros tipos de rumba. En este momento el bar tiene una publicación especializada para quienes están afiliados a él. 13. "Botar plumas" es una expresión usada en el lenguaje gay local para aludir a las expresiones femeninas o amaneramientos que un hombre puede hacer de manera consciente o inconsciente y que se consideran pruebas de homosexualidad. Puede tener relación con el término "gallinas" usado para hablar de las mujeres. 14. A diferencia de los casos que vengo señalando, algunos travestis sí buscan modificar su cuerpo hacia el desarrollo de caracteres sexuales secundarios del otro sexo, logrando una modificación permanente de su apariencia corporal. 15. . En los imaginarios sociales de nuestro país se asocia la homosexualidad con el amaneramiento, en parte como resultado del esquema que considera al acto de penetrar --a una mujer, a otro hombre o incluso a un animal-- la marca de lo masculino, mientras feminiza o rebaja lo que es penetrado. En diferentes regiones del país un hombre que penetra a otro no se considera homosexual, mientras que se asume que el penetrado sí lo es. Por otra parte, al recuperar las historias de vida de hombres homosexuales hemos encontrado que en algunos un punto complejo al momento de asumirse como tales es el temor a que ello les implica afeminarse; esto lleva a que algunos homosexuales rechacen todo tipo de asociación con lo femenino incluso con actitudes misóginas. 16. Un ejemplo de estas contradicciones fue el apoyo que Bill Clinton logró de grupos gay norteamericanos para su campaña presidencial que se vio burlado en la contradictoria legislación sobre la presencia de homosexuales en las fuerzas armadas norteamericanas; el discurso de apertura y tolerancia que se esgrimió para obtener el apoyo electoral y financiero de la comunidad gay no fue suficiente al momento de actuar sobre la moral de las Fuerzas Armadas norteamericanas. Por otro lado, entre los mismos grupos homosexuales, sobre todo europeos y norteamericanos, hay una fuerte discusión entre las tendencias más integracionistas representadas por hombres blancos norteamericanos de clase media que buscan algunos derechos civiles y los grupos que se oponen o separan de la asimilación con ese modelo ideal, conformados en parte por inmigrantes, mujeres y minorías étnicas. 17. Elbaum (1996) encuentra que en los espacios de rumba de los jóvenes argentinos el conocimiento del ingles y del francés se ha convertido en un factor diferenciador importante de las ofertas culturales; algunos lugares sólo se anuncian en un idioma extranjero, lo cual los remite a un imaginario de vanguardia, novedad e internacionalismo. Bibliografia BATESON, G. Pasos hacia una ecología de la mente. Buenos Aires, Carlos Lohlé, 1976. BOSWELL, J. Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad. Barcelona, Editorial Muchnik, 1993. ELBAUM, J. "Las distancias lingüísticas". En: La juventud es más que una palabra, Margulis, M. (De.), Buenos Aires, Editorial Biblos, 1996. FOUCAULT, M. Historia de la sexualidad 1. México, Siglo XXI Editores, 1978. GRUZINSKI, S. "Las cenizas del amor". En: De la santidad a la perversión. Ortega, S. (Comp.). Mexico, Grijalbo, 1986. MAFFESOLI, M. El tiempo de las tribus. Barcelona, Icaria, 1990. MOTT, L. Esclavidao, homossexualidade e demonologia. Sao Paulo, Icone, 1988. PLUMMER, K. Modern homosexualities. New York, Routledge, 1992. SERRANO, J. Y CORREDOR, A. "Diversidad cultural y homosexualidades". Ponencia en el VII Congreso de Antropología en Colombia, Medellín, 1994. SERRANO, J. "Abismarse en el suelo del propio cuarto. Observaciones sobre el consumo de rock en jóvenes urbanos". En: Nómadas, Departamento de Investigaciones, Universidad Central, no. 4, 1996. |
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