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Cuando un individuo incurre en una personalidad ajena a su identidad sexual a través de aspectos “visibles” como la ropa, accesorios o actitudes, la mayor de las veces se le asocia con la homosexualidad, pues se piensa que al hacerlo desea renunciar a su personalidad masculina para asumir la femenina, pero antes de dictar sentencia condenatoria en su contra, deberíamos, en principio, establecer qué entendemos por homosexualidad.
La creencia popular establece que la homosexualidad es la tendencia que conduce a un varón a experimentar cualquier tipo de atracción por otro varón, o a una mujer por otra mujer, pero esta idea se limita a la relación íntima.
¿Esa homosexualidad se reduce a la cama? Al parecer no. Todo apunta a revelar que la homosexualidad, en efecto, tiene repercusiones en la conducta biológico-sexual del individuo, pero más allá de ello revela la adopción de actitudes socio-sexuales o sexo-afectivas no siempre vistas ni evaluadas por el resto de la gente, empeñada en repudiar la conducta sexual a las experiencias físicas de la persona.
Aquellas variantes socio-sexuales o sexo-afectivas de la persona no se darán siempre y de la misma forma en todos los individuos, ya que habrá diferentes manifestaciones según cada caso, aunque por lo regular el homosexual varón tiende a asumir una posición “pasiva” en sus relaciones sociales, al margen de la actitud que prefiera en la intimidad.
Lo más frecuente, pero sin ser regla inflexible, es que un homosexual varón tienda a comportarse como lo hace la mayoría de las mujeres, es decir que espera de su pareja -real o anhelada- el apoyo material y emocional para su desarrollo en otros aspectos de su vida, además de que en pocas ocasiones toma la iniciativa para exteriorizar sus emociones en torno a quienes le rodean, aproximándose en mucho al esquema socio-afectivo impuesto para las mujeres.
De la misma forma es común que la mujer homosexual asuma actitudes “activas” en su vida exterior, apartándose de la postura “pasiva” que le ha sido “asignada”, pero esta determinación no se reduce a las lesbianas pues es importante el número de mujeres que hoy ocupan posiciones antaño reservadas para el varón. En la actualidad es amplio el universo de mujeres entre quienes creemos observar cierta disfunción sexo-emocional, sobre todo en las damas exitosas, entre quienes tienen la determinación de “conquistar” a la pareja deseada que no siempre es otra mujer, sino puede ser un varón con actitudes sociales y emocionales pasivas, es decir, su complemento. Esta realidad demuestra cómo no siempre las creencias generalizadas representan la verdad. Al menos eso es lo que puede apreciarse, a reserva de que los especialistas desarrollen los estudios necesarios para corroborar o desechar esta observación.
Al margen de “cómo” podamos ver a una persona, es indiscutible que la actitud afectiva de los varones es distinta a la de las mujeres, diferencia que se convierte en “complementaria” la una de la otra. Así, es común ver que la mujer se comporta en forma más cariñosa con sus amistades, sus familiares, su esposo, sus hijos, etcétera, mientras que la actitud generalizada del hombre es menos afectuosa, y, por lo mismo, menos comprensiva en ciertas ocasiones para con quienes le rodean.
Pero pocas veces reparamos en estas posturas emocionales cuando calificamos de homosexual a una persona, y lo peor es que al rechazar a un homosexual por el simple hecho de serlo, no nos detenemos a pensar que su homosexualidad tal vez lo convirtiera en un varón más comprensivo para con sus semejantes, actitud que podría resultar de valiosas repercusiones en beneficio de la comunidad.
Acusar, juzgar y sentenciar a alguien por su identidad sexual no es sólo un acto discriminatorio, absurdo, injusto y hasta aberrante, sino se convierte en una acción contraria al interés humano que en la medida en que lo practica, margina a quienes deben sentarse -casi indefensos- en el banquillo de los acusados. Al acometer actitudes de este tipo, la sociedad se cancela a sí misma la posibilidad de disponer de todos sus elementos en el propósito por alcanzar mejores resultados en todos los ordenes de la convivencia cotidiana.
Raquel
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